1966… SE VA A CASAR DON TANCREDO… MEDIO SIGLO DE RELACIONES ENTRE AGUSTIN PELUFFOZ Y ANGELA ACEVEDO

El popular barrio alicantino La Florida está pendiente de una boda. Todo el mundo habla de lo mismo.

—Angela y Agustín se van a casar.

Enamorados

—El padrino es periodista.

—La madrina es una modista de teatro.

—Pues me han dicho que también hay muchos más que quieren apadrinarlos.

—También los alumnos del Colegio Menor “José Antonio” van a ofrecerles un gran regalo, y además piensan escribir a TVE para que a la mejicana Angela la hagan “Reina por un día”.

Y así es el ir y venir de la popular barriada alicantina. Todo el mundo quiere a Angela, y aprecia a Agustín, y la boda de ellos es comidilla diaria a flor de labios en

esquinas y mercados.

La popular pareja de novios llevan “pelando la pava” la friolera de cincuenta años. Fue allá por el año 1916 cuando se conocieron en Méjico, en una de las muchas andanzas y correrías de Agustín, sevillano del barrio de Santa Cruz, juncal y con fiebres de Curro Cúchares.

Agustín, para ser más completos Agustín Peluffoz y Preciados, nació muy cerca de la calle de la Pimienta, al ladito mismo de la Cruz, que da nombre al más popular de los barrios sevillanos. Hacia 1914 cambió la visión andaluza por las luminosas calles de

La Habana.

Eran los años de la primera guerra mundial, y en Cuba estaban prohibidos los espectáculos taurinos, pero en España comenzaba a hacer furor el arte y la gracia de don Tancredo López, que impávido ante el toro, semejando ser una figura de piedra, resistía y aguantaba las embestidas del cornúpeta.

Tras él salieron otros imitadores. Ya anteriormente había existido el hombre de paja y el hombre de hierba, pero esta figura semejando una pétrea escultura, jamás había existido.

Siguieron los Tusquellas, Dutnis, Laurelito y otros que se hicieron

famosos, y nuestro Agustín no queriendo ser menos se lanzó a la aventura.

Actuó en innumerables plazas de Méjico, unas veces haciendo la

suerte de Don Tancredo y otras como un novillero más en la liza

de los seis toros. Conoció en aquellos tiempos a Rodolfo Gaona, Gregorio Taravillo, Silveti y al colosal Fermín Espinosa “Armillita Chico”, con los que alternó en infinidad de festejos taurinos. De aquella época no queda nada más que Agustín y el recuerdo de los otros, ya hace tiempo desaparecidos.

También por entonces triunfaba en toda Sudamérica la excelsa actriz Virginia Fábregas, de inolvidable recuerdo, y que a través de las pantallas cinematográficas vimos en España en múltiples ocasiones.

Con la famosa actriz, como una sombra de ella, marchaba por la

vida su señorita de compañía, su amiga y en ocasiones también actriz. Angela Acevedo de Narváez, descendiente de los extremeños Narváez que colonizaran Méjico.

Queridos por todos

Angela y Agustín se conocieron en sus correrías artísticas por el país hacia el año 1916. Ella morena, alta y espigada, mejicana de los pies a la cabeza. Y él arrogante, juncal y sevillano por los cuatro costados, y además torero español… Y el idilio surgió, un idilio que a través de cincuenta años perdura.

Recorrieron toda Sudamérica del brazo de su gran amor, y en Estados Unidos Agustín no quiso hacerse rico a costa de la “Ley seca” proclamada por Hoover. Vivió y toreó para su Angela, y ella vivía para el sevillano que la había robado el corazón.

Agustín lo recuerda:

—Pude hacerme multimillonario en aquella época, pero…

Y ese pero que flota en derredor de todas las personas pudo más

que él.

La pareja-enamorada, en su idilio eterno llegaron a la patria de Agustín y tras múltiples aventuras recalaron en Alicante, donde desde hace muchos años viven. Agustín con sus asuntos taurinos y sus prácticas de dibujo y pintura, sin olvidar las tertulias taurinas y alguna que otra actuación en las “vaquillas” de los pueblos limítrofes donde es figura popular.

Ella, desde hace catorce años, es limpiadora del Grupo Escolar instalado en el Colegio Menor “José Antonio”, sito en la misma Casa-Prisión del Fundador. Todas las mañanas Angela se levanta al alba y marcha a limpiar aulas, pasillos y galerías del Colegio. Un poco más tarde acude Agustín para ayudarla, y así de esta forma hacer la faena menos ingrata.

Sobre mediodía la tarea está terminada y Angela marcha a su humilde, casa en la popular barriada de La Florida, donde en menos de seis metros cuadrados tienen comedor, dormitorio y cocina…

¿Los servicios?… El campo es grande. La pila de lavar está en la calle y el tendedero soleado para que la ropa limpia seque al sol urbano de Alicante. Agustín mientras visita una bodeguita donde degusta un vino de la tierra, y como lector empedernido lee periódicos y más periódicos.

—Algunos días me llega el dinero para comprar alguno, pero en el Club Taurino leo todos los que hay…

Ahora se van a casar y la noticia la han acogido como dos chavales de veinte años. No dan crédito a que sus relaciones han durado exactamente medio siglo Parece que se conocieron ayer.

Ante el anuncio de la boda todo el barrio está lleno de júbilo. Parabienes, saludos y felicitaciones. Todo el mundo les quiere y les respeta.

Los alumnos del Colegio preparan en secreto su regalo. El director quiere apadrinarlos, el párroco, reverendo don José Fuentes Martínez, se preocupa intensamente por esta pareja. Ya tiene en su poder la documentación de la novia y sólo falta del” novio la partida de bautismo que remitirá la parroquia de Santa Cruz en Sevilla.

Una vecina del barrio, muy conocida y admirada por todos, se ha ofrecido’ como madrina. Es modista afamada, especializada en vestuario de cinematografía y teatro. Es la señorita María Esteve Gómez, que como regalo de boda está diseñando y confeccionando el traje de boda de la novia. También la regalará el sombrero y los zapatos que han de pisar la alfombra nupcial.

A esta ceremonia se suman todos los vecinos de la barriada, ofreciendo múltiples regalos a la feliz pareja, y el problema que se presenta a los padrinos es el local donde se celebrará el agasajo,” ya que los invitados son centenares que se suman de mutuo propio a la ceremonia.

Son ciento cuarenta y tres años los que suman entre los dos contrayentes y cincuenta años de noviazgo para un minuto de felicidad. Ese en que ambos, cogidos de la mano, escucharán del sacerdote la Epístola de San Pablo.

Nosotros, después de vivir la aventura, ver en qué estrecheces viven también, nos sumamos a la idea de los niños escolares del Colegio Menor “José Antonio” de Alicante. ¿Por qué Angela a los setenta años no puede ser “Reina por un Día”?

Ángel Adán DE LA MORENA/El Ruedo/1966.

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Author: Redacción