NO DEJA DE SER ATRACTIVA Y ORIGINAL LA VALORACIÓN DE LAS ESTADÍSTICAS EN EL TOREO

Las estadísticas, memoria indubitable, toma la palabra; y dice que han sido “contados” -expresión que significa poca cantidad- los novilleros mexicanos que pueden presumir haber cortado “dos orejas” en Pamplona. Tampoco han sido “muchos” -¿cuántos y quiénes?- los matadores que se enorgullezcan de tal hazaña.

Deleitándome en los eventos mentales me dediqué la noche de ayer a pensar no en los toreros, y sí en el espejo que los reproduce parcialmente: “en el espejo natural de las estadísticas.

¿Podrán las estadísticas, frías y calculadoras –recipiendarias de una realidad- ser una expresión de lo íntimo, de lo sentimental con el tosco gesto de los números? Me queda claro que, si bien no lo expresan y desnudan, por lo menos lo sugieren como sutil adivinanza.

Intentaré explicarme. Aunque no son competencia directa del buen aficionado, las estadísticas forman parte de su “saber”. Las estadísticas son voces mudas, son oratoria sin intención, son cifras que expresan en cantidades específicas una realidad. Ya lo hemos anotado: las estadísticas son palabras sin voz, son expresión sin timbre, son discurso sin proyecto voluntario.

Las estadísticas son aliento de los personajes que enmudecen ante la avasalladora contundencia de los números; dicho sea, en el lenguaje teatral, las estadísticas son la mascarilla parcial de la obra. De ahí que, dada su imparcialidad, el mensaje que transmiten en mucho dependa de la manera de interpretarlas, en la manera de descifrarlas.

Ya lo hemos acotado: las estadísticas son voces sin sonoridad que, mudas tal vez, adquieren una resonancia multi-fonética, llegando a tales dimensiones que hasta los que no las quieren oír las escuchan. ¿Tiene algo que ver la estadística con el toreo? Desde luego toda vez que es muy del medio alabar con números; “Fulano de tal”, triunfador absoluto, sumó la cantidad de –tantas más tantas- orejas. Así las cosas, queda claro que hay en el toreo discursos que hablan sin decir, y dicen sin hablar.

Es por tanto innecesario oponer resistencia a las sumas y restas que hablan por sí mismas sin voz. Los números cuentan, y cuentan que, en Aguascalientes, en cuya capital se dan por lo menos veinte festejos entre corridas de toros y novilladas anualmente, cantidad que sugiere una noble presunción: la cantidad nos dice que en Aguascalientes la Fiesta de toros está engarzada a sus costumbres. Esa es la interpretación lógica de las cifras. De ellas se deduce que la “devoción” pública por el espectáculo del toreo no es una mascarada frívola e intrascendente.

¿Cuál es la realidad que las cantidades específicas sugieren? Pensando en ello me quedó claro tras las cifras marchan las enseñanzas, “EL TOREO EN AGUASCALIENTES ES FERMENTO”.

Por ejemplo: La plaza San Marcos, al registrar últimamente excelentes entradas, “incluyendo llenos a reventar” habla sin palabra, y dice sin hablar. Y concluyente nos dice que aquí el toreo se ha sembrado en el corazón de los habitantes de esta linda comarca provinciana que tiene al azul por cielo y a la imaginación por vida.

¿Estamos hablando de términos estériles? Jamás. La plaza San Marcos –y su numerosa concurrencia a las novilladas y festejos extraordinarios, habla y dice sin pronunciar palabra. ¡Es la magia de la estadística! Decir que la plaza San Marcos tiene vida y encanto, maquillada por el bullicio y vocerío de cientos de espectadores no es un truco de la palabra, ni es tampoco un clamor de la oratoria. Es una realidad contundente que no requiere de otra explicación: la estadística, volátil pregonera, avala la concepción. Decir que la plaza San Marcos revive entre relámpagos de animación durante la temporada de novilladas no es un verso pomposo, ni una mascarada ficticia.

Y hasta me alegra que Aguascalientes sufra los estragos de su notable adicción al toreo. Y me encanta su clamor y gemido, ese cántico honrosísimo que en voz de niños, jóvenes y adultos se vuele trueno y escándalo de alegría: el oleé más maravilloso que cual himno, percute y repercute en la sensibilidad de mi linda tierra Aguascalientes.

¿Estamos ante una realidad que algo tiene de enfermedad?

Hace años se decía que los toreros son personas enfermas “del mal de montera”. Si así es, qué fantástica resulta a realidad toda vez que no se ha descubierto la vacuna contra semejante padecimiento y enfermedad.

Luis David Adame Montoya

Bueno, todo parecer entreverarse en la lógica, pero la pregunta queda sin dar la cara: ¿Cuántos novilleros mexicanos han cortado dos orejas en una tarde en Pamplona? ¿Y cuánto matadores mexicanos puede presumir de haber logrado tal hazaña? EL ÚLTIMO, SEGÚN MI ATOLONDRADA MEMORIA, FUE LUIS DAVID ADAME.

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Author: José Caro