2 ARRASTRE LENTO 2

SIMPRE HA SIDO ASÍ…

EL ANDAR DEL ARTE Y LA POESÍA -MÁGICOS COMPONENTES DE LA VIDA Y EL TOREO- SE REALIZA SOBRE CALLES TORTUOSAS Y LOMAS Y CUESTAS EMPINADAS

Ayer, “empinando el codo” en ameno convivio se multiplicaron los recuerdos. Se recordó aquella espectacular aparición en el escenario del toreo local a José Manuel Monte; la consolidación como novillero con futuro de Armando Mora; la deslumbrante y conquistadora actitud del “mechudo” de Aguascalientes, el atrayente “Cordomex”, Efrén Adame; el regreso de España del excelente matador local Jesús Delgadillo “El Estudiante”, de la fugaz irrupción de Jesús Ávila, de Arturo Magaña, de Mauricio Lavat, de la colosal escandalera que armó Eduardo Rivas “El Pato”, de Arturo Prado, de Carlos Castañeda, de Isauro Olivares, de Raúl Rodríguez “El Cañas”, -desde luego de su servilleta José Caro-, y de tantos otros que dieron vida y calor al ambiente a finales de los años sesenta. Eran otros tiempos. Fue en el pasado, y el pasado es recuerdo. Y “empinando el codo” lo recordamos.

Emocionado lo recuerdo. Y el recuerdo me atrapa en la reflexión.

Negarlo me llevaría a escribir –hablar- largamente de la tendencia humana que fortalece la inercia del eterno retorno a su pasado. Muy en especial los taurios que tienen por cierto que el pasado fue más brillante que el presente, negando con ello la perpetua evolución a través de las edades.

Ejemplos abundan: tal es el postulado que insistía en que el toreo antiguo –a principios del siglo pasado –1900- era el “heroísmo” la cualidad que lo adornaba. Hoy, en la atmósfera que envuelve y anima a la Fiesta, dicha significación resulta tenue y a punto de diluirse dando con ello pie a la inevitable “transmutación” de valores, acción que según los nostálgicos daña el temperamento melancólico de los aficionados “viejos”.

¿Por qué se empeña el hombre –no se diga el taurino- a negarle grandeza a la modernidad?

Paralelamente surge la pregunta -conversación de amigos-: ¿Por qué dejar pasar de largo el pasado sin tan sólo mirarlo?

Me queda claro que lo presente es consecuencia directa del pasado. ¿Por qué entonces no comprender que el conjunto de realidades modernas entrelaza el ayer y el hoy en un mágico encanto?

Y es que, absurdo sería negarlo, el toreo moderno, como la vida misma, tiene un encanto tan singular que la conjunción del ayer y el hoy no pudiendo disociarse se anidan en un mismo seno. Tan maravillosa fue la vida ayer, como maravillosa es en la actualidad: tan soberbiamente atractivo fue el toreo en sus edades primitivas, como esplendorosamente atractivo lo es en su etapa de adulto.

Recuerdo haber escuchado decir a don José Alameda, dialogando con Víctor Manuel Esquivel, ambos celebridades como charlitas con el micrófono en mano, que “al verso de la vida –y el toreo-“el acento lo modifica en su rima exterior, más no modifica su composición interior”. Aunque reconoció el habilidoso esgrimista de la palabra, el que siempre encontraba al enemigo por ligero y escurrido que fuese, que “el andar de la poesía y el arte “normalmente” se realiza andando sobre calles tortuosas y lomas empinadas”.

Así las cosas, y dando vida y cuerpo a estas reflexiones “volanderas” -expresión que fue propiedad del insigne e inolvidable presbítero don Jorge Hope- por superficiales y oportunistas, los taurinos debiésemos entender que al toreo –como la vida-, pese a haberse construido en forma progresiva, no se puede partir en partes. Entendimiento que me orilla a convencerme que el sueño simbólico de la magnificencia y grandeza –hondura con sabor celeste- del toreo –y de la vida misma- no se puede saborear cómodamente apoltronados –y sin ganas de nuevas actividades- en el mesón donde descansan los que han rehuido el ajetreo del combate.

Lo cierto es que estará siempre destinado al fracaso aquel que no pueda mirar de frente el pasado, de frente el presente, y de frente la imagen “volátil aún” del futuro.

¿Qué sigue en el toreo? ¿Qué sigue en la vida?

¿Cuáles serán los postulados que le darán jerarquía y grandeza al toreo? ¿Cuáles serán los principios que le darán sentido y señorío a la vida?

No me atrevería a aventurarme a pretender dar una explicación, aunque si pudiera animarme a decir –escribir- que “en toreo como en la vida hay que “agarrar al toro por los cuernos”.

10 DE JULIO DE 2019

SI LOS AFICIONADOS MODERNOS HABLAN CON PALABRAS HUECAS, A LOS NOVILLEROS MODERNOS, PARA COMPLACER A LOS “VIEJOS”, LES OBLIGA MORALMENTE LLENAR EL SENTIDO DE SU EXPRESIÓN CON VOCES DE ALTO CONTENIDO

¿Y las novilladas, a ritmo de temporada en México, cuándo y en dónde se realizan actualmente? ¡EN NINGÚN LADO!

“POBRES NOVILLEROS”

Los “nuevos aficionados”, muy dados a hacer sonar las cuerdas musicales de la lira que ambienta la reunión donde se concentran, por lo general celebradas en bares, cafeterías, y merenderos con tufo taurino, hablan con efusiva animación tanto de las novilladas como de los jóvenes que en ella toman parte.

Ocúrraseme suponer –suposición confirmada- que convendría que a los “noveles aficionados” no los llegaran a escuchar los “viejos aficionados”. Sobre todo, aquellos “viejos” que fueron educados en ambientes donde la palabra era un instrumento comunicante que servía, con carácter prioritario, como elemento que daba “luz”, patrocinaba “conocimiento”, y promovía la “reflexión”.

Y es que, si los escucharan aquellos “aficionados” que en su formación se deleitaron con los encantadores versos de la tradición clásica les quedaría claro que los “decires” de los aficionados modernos se oyen como la insípida canción que, hueca y sin fondo, carece del VIEJO SIGNIFICADO DEL BRUTAL ROMANTICISMO en el toreo.

Así lo siento toda vez que, permitiéndoseme “resurgir” los modelos antiguos, “viejos por naturaleza”, y expuestos en su real extensión, se abrirían brechas sin fondo entre el ayer y el hoy. Lo cierto es que hace años, al amparo del romanticismo, ser novillero era una aventura en la que existía una brutalidad que se opone radicalmente a la delicadeza de los tiempos actuales.

Ayer eran frecuentes las palabras y voces primitivas del viejo aficionado, y no se diga las de los toreros: ideas enfáticas, sentimientos deslumbrantes, maldiciones tremendas, encantamientos terribles, actos supersticiosos, conjuro de duendes y magos, Hoy, todo es reconocimiento y empalagosa dulzura. Ayer existía energía en la actitud y en la lengua, hoy la voz está encantada por la fórmula de la cortesía.

¿Cuál era la figura simbólica de los novilleros y de los matadores que querían abrirse paso entre la cruel espesura de la maleza?

Me referiré a su contenido, más que a sus formas. Eran personajes que, oprimidos por la miseria –emocional y material- y al negárseles las oportunidades, salían al ruedo sintiendo alegría engañada con perfiles de odio en sus entrañas, aunque en el fondo fuera la nobleza la credencial de su corazón y el timbre de su alma.

Eran personajes que sólo requerían de un fósforo -o chispita- para incendiarlos.

Eran personajes que, en sentido contrario, con la fuerza de su ansia, anhelo y determinación eran capaces de encender al fosforo de la pasión.

Pero mejor será dejar el ayer y atenernos al presente.

No se puede marginar la realidad de los novilleros modernos. Quede claro que por el solo hecho de aspirar a la gloria deben cumplir con los requisitos elementales de la tradición. Novilleros que, por lo menos, deberán reflejar en su rostro la animación de la legítima alegría de estar ante -una oportunidad de oro- las escasísimas oportunidades que se les brinda. Y deberá ser su cara, iluminada por la brillantez de la ilusión, la que anticipe que pueden –y van por ello- hacer realidad las fantasías de su imaginación, así éstas tengan poco parecido con las que forjaron en su mente-alma- los novilleros de hace décadas.

Así las cosas, sea aficionados viejos o aficionados nuevos los que acudan a las plazas donde hay novilladas, éstos acudirán confiando en que el encendido emocional de la aspirantes al estrellato tendrá semejanza con la espectacular luminosidad de la pirotecnia encendida con el fuego de su pasión –afición-, chispeante y revoltoso ardor que, significando alegría y cual combustible del alma “piromaníaca” de los novilleros, encenderá el corazón de los espectadores y de los aficionados viejos o nuevos.

Pero -permítaseme recurrir a la expresión popular- “para qué tanto brinco estando el piso tan parejo”. ¿Dónde HAY TEMPORADA DE NOVILLADAS QUE LES PERMITA EL FOGUEO A LOS NOVILLEROS?

¡Pobres novilleros! y más lo son “si son pobres de corazón”!

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Author: José Caro