ARRASTRE LENTO

Me gustaría haber sido ángel: comprendería a los necios que juzgan sin razón, y no me afectarían las opiniones obscenas que flaco favor le hacen a la causa de la verdad

¿La vida profesional de “Joselito” Adame merece el alud de ácidas críticas que sin poderlo evitarlo le caen encima?

Me gustaría haber sido ángel. La visión angelical me conduciría a la verdad, y en armoniosa conjunción de emociones y sentimientos hablaría con justicia, prudencia y certeza.

Me gustaría haber sido ángel. Y no precisamente por la inmaterial belleza –¿inventada?- con la que los seres humanos los han querido revestir y adornar. Según la concepción humana me queda claro que su mundo y existencia –de los ángeles- debe ser fascinante: volar; viajar al impulso de sus propias alas; desplazarse silenciosamente sin las amarras del tiempo y el espacio que condicionan las cosas materiales; impactar los ojos de los seres humanos y llegar al corazón –mente y espíritu- del hombre sin mayor tropiezo que la oposición y el asombro mundano; además ser “asistente” de Dios en la tierra. ¿Habrá mayo dicha que la de ser ángel?

Me gustaría haber sido ángel. Me quiero imaginar su vida. Vivir sin contratiempos en la pacífica eternidad gozando en la contemplación inagotable del Edén debe ser sencillamente maravilloso. Me gustaría haber sido ángel. Me quiero imaginar su vida. Conocer las penas infernales de los humanos sin estremecerse en sufrimientos y angustias debe ser “mágica” experiencia; y lo mismo debe ser conocer sus alegrías y encantos sin involucrarse en las fugaces dichas mundanas. Debe ser maravilloso libar el vino de la tristeza humana sin embriagarse en su penar, y maravilloso debe ser entonar el canto del dolor humano sin vibrar de pesar, y maravilloso envolver el dolor en canto, y no –como los humanos- guardar el canto en dolor.

¿Será cierto que, puesto que conocen el amor eterno, aman sin amar? ¿Será cierto que, puesto que saben de él, odian sin odiar? ¿Y será verdad que, dado que a su mirada no escapa, conociéndola, no sienten pasión? ¿De qué manera son consuelo si la consolación, siendo un remedio terrícola, es una medicina impropia de los hospitales del cielo?

Me gustaría haber sido ángel… NO ME SENTIRÍA LASTIMADO POR LAS BURLONAS CRÍTICAS QUE HE RECIBIDO POR HABER HECHO PÚBLICAS -SIENDO PROPIEDAD PRIVADA- LAS REFLEXIONES QUE ALUDEN A “JOSELITO” ADAME.

Si hubiera sido ángel nunca habría estado cerca de la tristeza que causa en el corazón del hombre la mentira. Si lo hubiera sido no me enfadaría la cercanía de los que se dicen taurinos sin serlo, ni me hubiera irritado la bestial voracidad de los comerciantes que lucran con la viril –moral y espiritual- disposición de los toreros cuando, en busca de tesoros reciben “centavos” saliendo al ruedo a dar la vida a cambio de riquezas que nunca -o rara vez- llegan a su alcancía. Ni se me hubiera desgarrado el alma cuando los farolillos de la esperanza, esos que brillaban de noche, agotaron su combustible apagándose en el mar de la inquietud. Ni se me hubiera intoxicado el alma al chupar -ímpetu de savia- el jarabe de la hipocresía de los que “tiran la piedra y esconden la mano”.

De haberlo sido –ángel- tal vez algunas cosas extrañaría, y me consumirían el remordimiento: no haber visto la verónica de “El Calesero; no haberme estremecido con el trincherazo de Silverio; no conmoverme con la entrega de Diego Puerta; no angustiarme con el sacrifico heroico de Rafael Rodríguez; no embelesarme con la dulce poesía de Paco Camino; no santificarme con la solemnidad de Santiago Martín ”El Viti; no serenarme con la parsimonia clásica de don Antonio Bienvenida; no extasiarme con la pureza de don Antonio Ordóñez; no divertirme con la jocosidad de Manuel Benítez “El Cordobés”; no juguetear con la alegría de “El Curro” Rivera; no haber conocido a Martínez y a Cavazos. Obviamente habría otras muchas razones por las cuales, en caso de que hubiera sido ángel, y aún sin anotarles, las dejaría para que el hombre se deleitara en ellas.

Aún así, y sin componendas que remedien mi condición, le doy gracias a la vida por darme la lujosa capacidad de estremecerme con los goces mundanos, y de darme la oportunidad de conocer el amor y la amistad, y sobre todo, de haber creado las circunstancias que me permitieron ponerme delante de un toro para sentirme, sin haber sido ángel, ni arcángel, ni querubín, un “rey” que puso a ciertas plazas repletas de espectadores a “aplaudir a rabiar” a este humilde escribano que sin llegar a ser ni siquiera guardia de palacios por momentos vivió sintiéndose un rey que por momentos ha sentido haber alcanzado la gloria en sus sueños y alegrías espirituales…

Me habría gustado ser ángel: hoy podría darle un beso a mi dulcinea sin que ella temiera que en el ósculo fuesen intensiones que mancillaran su dignidad. Y juntos podríamos navegar en el universo de la fantasía y el reino de la imaginación… PERO COMO SOY HUMANO, MUCHO ME TEMO QUE TENDRÉ QUE SEGUIR REPRIMIENDO MIS IMPULSOS QUE ALGO CONSERVAN DE SU INOCENTE EROTISMO INFANTIL. Me haría gustado ser ángel.

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Author: José Caro