LAS QUE SE QUEDAN REZANDO

La esposa del torero

Rosario Rojas, esposa de Gitanillo de Triana es chamberilera

Vio torear a su marido cuando no le había sido presentado

Doña Rosario

AUNQUE Rosario Rojas Monje tiene tres hijos y es muy mujer de su casa, yo me resisto a llamar doña Rosario a la esposa de Gitanillo de Triana, Rosario ha cumplido no hace mucho los veinticuatro años y ha heredado de su madre -ese monumento viviente de gracia andaluza que se llama Pastora Imperio- la simpatía arrolladora y natural, el gesto alegre y la sonrisa amable.

Pastora Imperio, que supo lo que eran los aplausos encendidos de las multitudes, que fué admirada como mujer y como artista, sabe y proclama que Rosario hubiera sido, de haberlo intentado, más admirada que lo fué ella, a pesar de que no tiene los ojos verdes. Los ojos de Pastora son famosos en todo el mundo; los de Rosario -negros como la pena- son, según Pastora, mucho más hermosos que los suyos.

Rosario Rojas, esposa de Rafael Vega de los Reyes, porque Dios lo quiso y así tenía que ser, tiene tres hijos que son tres tesoros. Curro- se llama así en recuerdo de aquel Curro Puya que fué torero – tiene siete años y se parece a su padre; Carmen, con sus cuatro primaveras, tiene y a la gracia y la belleza maternas reflejadas en la carita morena, y Pastora, un personaje de dos años gracioso y todo nervio, se parece… ¿A quién se va a parecer una nieta de Pastora que lleva su nombre?

Dieciséis años tenía Rosario Rojas cuando conoció a Rafael Vega de los Reyes. Él había cumplido veinte y ya era matador de toros. A los seis meses de conocerse, se casaron. Cagancho y su esposa fueron los padrinos del enlace, celebrado en la iglesia de San Martín, de Sevilla. Porque se casaron en la parroquia del barrio de la Correduría, a pesar de que Rosario es madrileña, nacida en la calle de Zurbano y bautizada en la parroquia de Chamberí.

Cuando Rosario casó había visto torear una vez a Rafael en Madrid . Alternaba Gitanillo con Pericás y Ballesteros. Entonces no le conocía más que de vista; pero recuerda que en el segundo toro estuvo colosal. Luego y a no le ha vuelto a ver en el ruedo, ni le verá. A los demás toreros, sí. Rosario asiste a cuantas corridas puede, porque la fiesta nacional le parece el más grande, luminoso y emocionante de los espectáculos existentes.

En el saloncito en que charlamos ha y un hermoso cuadro con una Virgen morena, muy morena, que tiene en el regazo al Niño Dios y está rodeada de ángeles que parecen chicuelos andaluces. Y retratos de Pastora Imperio, de Rosario, de Curro Puy a y de Rafael Vega de los Reyes. En un rinconcito, una fotografía -magnífica fotografía- de la Macarena en su carroza. A la Macarena y a Jesús del Gran Poder reza Rosario los días que torea su marido.

Por la mañana -muy temprano- va la esposa del torero a misa. Si Rafael torea fuera de Madrid, el sufrimiento de esta mujer es grande, pero hasta cierto punto soportable. No así cuando actúa en la capital de España. Se vive entonces minuto a minuto en angustia creciente, porque la preocupación no abandona a los familiares del torero, que presencian todos los preparativos. A Rosario Rojas no le interesa nunca saber, cuando tiene noticias de que la corrida ha terminado, si su marido cortó oreja o estuvo bien o no. Lo único que pregunta es si fué cogido. Después, ya tranquilizado el espíritu, pregunta a Rafael cómo, fueron los toros que le tocaron en suerte, que hizo y cómo lo hizo. A continuación, quiere conocer lo que ocurrió con todo detalle, que para algo es una buena aficionada que sabe distinguir entre el oro de ley y la chatarra, que de todo hay en el toreo.

La esposa de Rafael Vega de los Reyes contempla uno de los capotes de paseo de su marido, hermano del malogrado Curro Puya

Preguntamos a Rosario qué tal suegra hace Pastora Imperio, y la primera respuesta es una carcajada. Después nos dice que Pastora no sabe ser suegra. Es para Gitanillo, como para ella, la madre más buena del mundo. Y para los nietos es la abuela ideal, que no encuentra defectos en los chiquillos, que quiere con toda la fuerza de su corazón y para la que todo capricho de los pequeños es una orden que hay que cumplir a rajatabla, cueste lo que cueste.

Rosario Rojas Monje con sus tres hijos, “¡tres tesoros, señor!”, nietos de Pastora Imperio

De la calle llega Rafael con su sobrino, el novillero Gitanillo Chico. Queremos despedirnos, pero es fuerza aceptar un chato de vino andaluz que Rafael Vega de los Reyes nos ofrece, y que esta mujer, a la que no queremos llamar doña Rosario, nos sirve amablemente.

Por ustedes, por Pastora Imperio y por los tres chiquillos levanto la caña de Jerez. Alguna vez me tenía que tocar brindar a mí. BARICO

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Autor: Redacción