ARRASTRE LENTO

¿YO NO ES VÁLIDO DECIR QUE EN AGUASCALIENTES DENTRO DE CADA MACETA SE GESTA UN TORERO?

¿QUÉ MACABRO RELAJO SE TRAEN AL INTERIOR DE LA ACADEMIA MUNICIPAL PARA TOREROS?

Compartía ayer por la tarde con doña Lety, apreciada condiscípula de estudios de bachillerato, el cual lo cursamos en el –aquel entonces- novísimo edificio hoy conocido como “la prepa de petróleos”, cuando ocurrió un encuentro con un aficionado que avivó la necesidad de pensar en la bien ganada historia y merecida reputación de Aguascalientes como productor de toreros.

Ella tomaba su tequila con montañas de hielo, y yo lo mismo, pero sin hielo; antes habíamos reído al recordar el incidente que nuca lo olvidará. Con regocijado entusiasmo revivió en su imaginación aquel detalle en el que, compitiendo “Lety” por el reinado de los estudiantes, y habiéndole ido a solicitar su apoyo -compra de votos-, un afamado notario local se puso del color de hormiga cuando, creyendo éste estar a solas con su compadre –don Fulano- y sin darse cuenta que ella esperaba a sus espaldas, con vigor varonil expresó: “Compadre, cómo crees que no voy a ayudar a esta chiquilla si está super ensabanable”. Me comentaba “Lety” que el color del licenciado, viendo que ella había escuchado su libertino piropo, fue de un color tan subido que el rojo más intenso parecía débil en comparación al de su rostro.

En fin, compartíamos la tarde noche de ayer cuando un buen aficionado, cercano a la mesa en la que no encontrábamos doña “Lety” y yo, con azorada inquietud y avivada curiosidad me preguntó: ¿Don José, qué relajo se traen ahora en la Academia Municipal? ¿Cómo está eso de que ya despidieron a los maestros que por su dedicación y capacidad se ganaron el aprecio de los estudiantes y el respeto de sus padres?

Puesto que lo ignoro, no supe qué decir. Para fortuna mía el buen aficionado, tal vez comprendiendo que a mi compañera doña “Lety” poco le interesaban esos asuntos, se retiró dejando entrever la posibilidad de volvernos a encontrar para platicar de tan espinoso asunto.

Guardé silencio. Doña “Lety” me hizo volver en mí: así te pones, me dijo, cuando estás pensando en ella, ¿cómo dices que se llama? Yo no expresé palabra puesto que no estoy al tanto de lo que ocurre en la Academia, pero debió ser tan prologando mi silencio que mi compañera pensó que divagaba en mis románticos quereres. Dime, insistió, ¿cómo dices que se llama? ¿Angélica? ¿Yolanda? ¿Verónica? ¿Patricia? ¿Claudia? Riendo sólo pude contestar: ¡Con que ella me recuerde me basta!, fue mi respuesta.

Pero ya sin reír le comenté a doña “Lety” que mes parecía un tosco atropello y una barbaridad académica cualquier intento que pretenda hacer OLVIDAR QUE EN AGUASCALIENTES SE SIGUE BUSCANDO LO QUE SE ESTÁ ENCONTRANDO: “UN TORERO DENTRO DE CADA MACETA”.

Le comenté a doña “Lety” que por fortuna la transmisión de la inmediatez histórica del toreo en Aguascalientes no es un trozo borroso y con tachaduras. La lectura –y textos- de dicha historia es clara, y sus líneas sobresalen por su brillantez. Y en ellos –en los textos populares- se afirma que la Historia del toreo en AGUASCALIENTES NO ES UNA SIMPLE REPETICIÓN DEL PASADO. Así pues, le insistí, en los residuos histórico se confirma que aquí predomina, trepada en la espiral ascendente de la continua renovación de toreros. Y MARCHITAR LA ACADEMIA TAURINA MUNICIPAL SERÍA DARLE LA GUILLOTINA A SU PROPIA HISTORIA.

Textos y contextos. Aguascalientes, según los textos históricos, creció entre inciensos poéticos y aromas románticos. Lo cierto es que la moderna ciudad engalanada con aires de pueblo pudo y supo extraer la poesía y el romanticismo del toreo para hacerlo suyo. Aquí, y de esta manera, hablando de toros, cuando se cita menos, se cita muchos más. Aguascalientes siempre ha sido taurino, pero hoy es mucho más. En consecuencia, se advierte que los fragmento de ayer, recapitulados hoy con escrupulosidad y pulcritud, se enhebraran en la mente, el corazón y el alma colectiva y popular de Aguascalientes.

Volvía guardar silencio, y ella me volvió en mí. ¿Sigues pensando ella? me interrogó. Riendo, y dándole un prolongado sorbo al tequila tan sólo pude responder: “Pareces una simpática brujita, y adivina además”. ¡Salud!

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Autor: José Caro