TOROS EN CUBA

El año pasado en una revista taurina de España apareció una noticia que decía que un empresario taurino español se hallaba en negociaciones avanzadas con miembros del gobierno de Cuba para organizar unas corridas de toros en esa isla caribeña. Luego, se informó en el mismo medio que el intento de introducir la fiesta brava en Cuba durante el primer año del nuevo siglo había fallado.

Esa noticia me recordaba que en mi niñez yo había oído hablar sobre la tauromaquia cubana a mi tío Curro Martín-Vázquez, quien era un famoso matador durante el primer cuarto del siglo pasado. Aunque él nunca toreó en Cuba, visitaba la isla cuando se dirigía a torear en México. Entonces, los transatlánticos en la travesía de España a México, o viceversa, generalmente hacían escala en La Habana. Estas visitas le permitieron hacer muchos amigos entre los viejos aficionados cubanos, quienes añoraban las temporadas taurinas que solían celebrarse en la isla antes de la Independencia.

Se perdió una fuente de empleos… ¡¡¡Y los dolares del turismo!!!

No es de conocimiento común que la fiesta brava formaba parte de la cultura cubana antes de su Independencia de España. Sin embargo, en Cuba la tauromaquia dependía totalmente de España, pues toros y toreros tenían que ser importados para que las corridas se dieran. Así que no es de extrañar que, una vez que los lazos con la Madre Patria se rompieron temporalmente por la contienda independentista, a la vez que se incrementaba influencia de los Estados Unidos, un país antitaurino, la fiesta brava desapareciera, ya que, aunque popular, la tauromaquia nunca tuvo genuinas raíces criollas, como era el caso en México y en otros países hispanoamericanos.

Para recordar la existencia de la fiesta brava en la isla cubana, mencionaré solamente algunos datos de los muchos que he encontrado en el Tomo VI de la famosa enciclopedia taurina LOS TOROS, del ilustre José María de Cossío, los que colaboran esa historia oral que hace muchos años me contaba mi tío.

Corridas de toros se han celebrado en diferentes ocasiones en La Habana, Cienfuegos, Pinar del Río, Matanza y Puerto Príncipe. La primera referencia taurina histórica se remonta al año 1538, cuando para celebrar la llegada del Adelantado Hernando de Soto, varios espectáculos taurinos tuvieron lugar en Santiago de Cuba. La historia también anota que en el 1569 se dio la primera corrida en La Habana, y en el 1759 se realizaron otras dos, una en La Habana y la otra en Matanzas.

¡¡¡Y con toros Yankees!!!

Además, en dicha enciclopedia se hacen referencias a las seis plazas de toros que existieron en la capital de la isla, citándose sus fechas de construcción, sus ubicaciones y otros pormenores. La primera se construyó en las Calzadas del Monte del Arenal en 1781; la segunda en la Calle Aguilar en 1796; la tercera en el campo de Martes en 1825, la cuarta en la Plaza Mayor del pueblo de Regla en 1842; la quinta en la Calle Betacoín en el 1853; y la última en Infanta en 1885. Esta tenía un aforo de más de 10.000 espectadores.

En esta última plaza es donde se celebraron las más importantes temporadas, en las que incluían actuaciones de las más famosas figuras del toreo de esos tiempos, entre ellos Luis Mazantinni, Rafael Molina “Lagartijo” y Rafael Guerra “Guerrita”. Mazzantini quien se convirtió en el ídolo de aquella afición, llegó a torear mas de 15 corridas en la temporada 1886-7. “Guerrita” también gustó mucho en la temporada 1887-8. Fue herido gravemente en su última actuación, lo que retrasó su vuelta a España, en donde se le esperaba con anhelo, especialmente en su Córdoba natal. Sus paisanas, infatuadas con el torero y preocupadas por su tardanza en volver de Cuba, cantaban esta copla popular:

                    Ni me lavo, ni me peino

                    Ni me asomo a la ventana,

                    Hasta que no vea venir

                    A “Guerrita” de la Habana.

En Cuba muchos diestros españoles encontraron gloria y ganaron buen dinero, pero dos de ellos perdieron la vida, uno como consecuencia de una herida de toro y el otro por una causa más mundana. El de 10 de diciembre de 1893, el novillero Francisco Ojeda murió por una cornada sufrida en Puerto Príncipe. Sin embargo, la muerte del famoso matador Curro “Cuchares” fue menos gloriosa, ya que falleció en La Habana el 5 de diciembre del 1868 a consecuencia de la entonces incurable enfermedad ‘el vomito negro’. Curiosamente, por un malentendido, su enfermedad causó un gran escándalo, ya que la plaza estaba completamente llena, y al no presentarse el matador en el ruedo por su enfermedad, el público, creyendo que su ausencia era un engaño, casi destruyó la plaza. Cuando se conoció el verdadero motivo por el cual “Cúchares” no apareció en el ruedo y el triste desenlace que le ocasionó su enfermedad, el daño ya estaba hecho.

Las corridas fueron prohibidas el 10 de octubre del 1899 por la Orden Militar dictada por el Gobierno Interventor norteamericano. Aunque después de la Independencia se han hecho varios intentos de volverlas a celebrar en su integridad, únicamente se ha conseguido hacer unas exhibiciones sin banderillear o matar a los toros.

En 1910, 1914 y 1915 se introdujeron mociones para permitir las corridas de nuevo en la isla, pero el Congreso no las votó favorablemente en ninguna de las tres ocasiones.

Hubo también algunos intentos de saltarse a la torera la ley, pero igualmente fallaron. En 1923 se importaron seis toros mexicanos y se contrató a Rafael Gómez “El Gallo”, pero la autoridad no permitió la celebración del espectáculo. Otra intentona sucedió en el 1934. En esta ocasión se creyó sería más fácil el burlar la ley al anunciar al matador norteamericano Sidney Franklin. Esta vez la oposición la capitalizó desde el continente americano The American Humane Association, que incluso publicó y distribuyó el panfleto en español En Contra de las Corridas de Toros. La oposición de nuevo triunfó y no hubo corrida.

Finalmente, el gobierno permitió que se dieran unas corridas en la Habana sin que se mataran o banderillearan los toros. Esto sucedió en Estadio Tropical, de una capacidad de 13.000 espectadores, el 27 de abril, y 4 y 11 de mayo del 1934, con la actuación de Jaime Noaín y Rafael Ponce “Rafaelillo”, el abuelo del gran maestro actual Enrique Ponce. Los toros fueron de la ganadería mexicana de “San Mateo”. Los eventos tuvieron éxito, tanto que, el banderillero “Torquito” se atrevió a colocar un par de banderillas con el beneplácito de los espectadores. No obstante, el ignorar la ley le costó el tener que aparecer ante la justicia, acusado de hacerle daño a un animal. Se libró de la cárcel gracias a la ocurrencia de su abogado, quien basó su defensa en que “la parte ofendida—el toro— no se presentó al juicio”.

El 30 y 31 de agosto del 1947, otros dos simulacros de corridas se presentaron en el Estadio de la Habana. La primera corrida se celebró sin novedad, pero la segunda no se concluyó por la lluvia. Con toros colombianos de ‘Aguas Vivas’ actuaron las grandes estrellas mexicanas Fermín Espinosa “Armillita” y Silverio Pérez.

Esta presentación sería el último espectáculo taurino celebrado en “La Perla del Caribe”. A pesar de que en el 23 de enero del 1973 se consiguiera que la Ley-decreto #1973 autorizara corridas en Nueva Gerona, en la Isla de Pino, donde se construiría una plaza de toros, el proyecto no se realizaría, como tampoco se materializó el intento de dar corridas de toros en la Habana el primer año de este siglo, al cual ya al principio me referí.

Nadie puede ver el futuro. Pero me atrevo a pronosticar que por haberse roto la tradición de la fiesta brava y por falta de raíces taurinas criollas, en la futura Cuba Libre el toreo no volverá a practicarse en su integridad. La tauromaquia permanecerá únicamente como un curioso asterisco en la historia de la cultura popular cubana.

(Publicado en EL MENSAJERO, Baltimore, Maryland. Junio, 2001)

Matador de Toros Mario Carrión

Autor: Matador de Toros Mario Carrión