HAY QUE SER MAR PARA NO ENSUCIARSE CON LAS INMUNDICIAS DEL RÍO HUMANO

La noche de ayer fue extraña. No pude conciliar el sueño que, puntual a su cita diaria, se dolía con la reverberación de las palabras que se multiplican inexplicablemente en torno a la figura de una potencial figura del toreo mexicano, orgullosamente aguascalentense.

Tirado en la cama, y puesto que no sin extrañarme las había escuchado, con inquietud me di cuenta de que siguen rodantes, como piedrecillas a la vera del río, las voces que si bien no ponen en duda el triunfo de Luis David Adame en Bilbao tampoco lo elevan a la categoría de los dioses. Al torero y su triunfo los miran con el desaire de quien cree adivinar el futuro. Voces que ponen en duda que el hermano de José Guadalupe “Joselito”, sea el elegido para tomar el báculo –bastón y símbolo de autoridad- del reino del toreo mexicano. Personalmente no me gusta interrelacionar las adivinanzas con las certezas en el juego del toreo; prefiero la obviedad. Y obvio es que Luis David se ha mostrado como un modesto pequeñín capaz de vencer al gigantón Goliat que le pongan enfrente.

José Guadalupe Adame Montoya “Joselito”

Por ello mis oídos son sordos a esas maléficas adivinanzas que, expresadas con voces roncas que brotan de un corazón insatisfecho, provocan desordenados estados mentales- emocionales que se confunden tanto ante los desmedidos y empalagosos elogios como ante las ácidas críticas poco fundamentadas.

Me envolví en las sábanas y me dispuse a dormir, solo que el ejercicio de la reflexión me lo impedía. No me quedó otra opción que pensar –y luego escribir- en mis propios pensamientos. Fue cuando me dije:

¡Ten cuidado! ¡Desconfía de los murmullos de admiración! “Recuerda que el hombre es un “río” inmundo. “Río” que tanto lava como ensucia.

Lo cierto es que hoy son los “ríos” rumorosos los que con torrentes de palabras inundan los tradicionales lugares -antros, cafeterías, plazas públicas y esquinas callejeras- en los que se habla de toros. Rumoreantes son las corrientes de los “ríos” que, halagándola, alaban la gloria obtenida por los hermanos Adame en España, muy en especial de los triunfos de Luis David en Bilbao. Pero enfrente están los que los minimizan.

Luis David Adame Montoya

“Recuerda que el hombre es un río inmundo”.

Los que saben de toros –aficionados- aunque unos lo quieran, y otros no, son actores y no espectadores. Y son los que saben de toros los que afirman que el espectáculo del toreo –y a Fiesta en sí misma- es escandaloso, y que la palabra es su mejor promotora. “Ríos” de palabras, “ríos” de rumores.

“Recuerda que el hombre es un “río” inmundo”.

Me queda claro que el silencio es el sordo fenómeno que enluta y sepulta al toreo y a la Fiesta. Los que saben de toros afirman que cuando no se habla de la Fiesta y el toreo, -no se diga de sus personajes y circunstancias- es como si nunca hubieran existido. Cuando no se habla -“ríos” rumorosos- de él –el toreo- y de ella –la Fiesta- es como si los hubiera devorado el hondo abismo en el que reposan las animas que no se inmutan al verse empalmadas con las sombras de los sepulcros que nunca buscaron.

Entiéndase entonces que la palabra es un rayo de luz para el toreo y la Fiesta pues con ella emergen de la fosa artificial para hacerse ver espectacularmente lumínicos. Es la palabra la que la que hace ver al toreo y a la Fiesta como si éstos tuvieran un sol por delante. Así es el toreo. Así es la Fiesta. Ninguno de los dos sabe guardar secretos. Y de ellos –toreo y Fiesta- se habla y se habla; y a ellos –toreo y Fiesta- a ellos alaban, y a ellos destruyen, ESPECIALMENTE A LOS TOREROS.

“Recuerda que el hombre es un “río” inmundo”.

Asombro me causó haberme encontrado en medio del caudaloso e inmundo “río” de ciertos aficionados que, insatisfechos por los logros obtenidos por los fraternales diestros que hoy son orgullo torero de Aguascalientes toda vez que, si bien se escuchaban rumores de alabanza, éstos se confundían con los rumoreantes desperdicios orales de quienes les parece poco logro el corte de orejas en la plaza de Bilbao por Luis David.

“Recuerda que el hombre es un “río” inmundo”.

Clamé por “ojos serenos” y oídos en paz. Rogué que se hicieran presentes las voces de aquellos “viejos” aficionados ilustrados que eran capaces de ver –y hablar positivamente- con claridad y fundamento hasta una dicha excesiva. ¿Por qué les molesta a ciertos aficionados “modernos” que los hermanos Adame sean considerados como verdaderas estrellas que con sus luces iluminan el cielo de su tierra?

El remate me parece pinturero: el rostro de los aficionados “sanos”, sean viejos o modernos, no tiene arrugas, y luce flamante su condición de “salud eterna”. Aficionados que saben que los toreros cuando triunfan, dispersando nubes, son como el sol que bebe sombras y deja luz a su paso. “RECORDARÉ SIEMPRE QUE EL HOMBRE ES UN “RÍO INMUNDO”, MOTIVO POR EL CUAL HAY QUE SER “MAR” PARA RECOGERLO SIN ENSUCIARSE.

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Author: José Caro