EL AFICIONADO DE AGUASCALIENTES SUELE “ENAMORARSE” DE LOS TOREROS CON ACTITUD DE UN GUERRERO Y LA DISPOSICIÓN DE UN ARTISTA

Me lo contó la prosa de la experiencia: “los públicos jamás tendrán romance duradero -enamoramiento vitalicio- con los toreros que con la soberbia presumida de desmayan ante el riego de la “temible” bravura del toro de lidia”.

Hay tardes así; tardes opacas, sombrías, tan poco complacientes que, a pesar de su ardoroso empeño, los diestros no logran dar con la punta de la madeja del triunfo. Lo cierto es que se multiplican las tardes en las que las circunstancias no sometidas al dominio humano exculpan –sin nada que reprocharles- a los diestros que hicieron todo por triunfar. Todo, “menos aliarse a la buena suerte”.

Pero también hay tardes en las que la conciencia del torero le habla con la voz que, sonora y pronunciada con dureza, hiere sus oídos. Hay tardes en las que los diestros nada pueden hacer para evitar que su “lamento” -por no haber triunfado- se torne “tormento”. Son esas tardes en las que “nadie quita de sus ojos el llanto” por haber actuado obedientes al tropel de dudas recorriendo el ruedo con los pies ligeros de la presa en huida.

También hay tardes en las que, en sentido contrario, los toreros, aclamados y clamorosos, salen de coso victoriosos con el triunfo en el pecho. A éstos su voz les timbra tan vigorosa a que nada impide que la “alegría” les salga de su rostro desatada en “risas”. Triunfaron porque fueron sumisos al rigor de la tiranía de su vocación; triunfaron porque sometidos a la avaricia de los aplausos y al yugo de los elogios se quedaron quietos con la suficiente firmeza como para hacer posible que sus estatuillas se burilaran en el mármol pétreo del recuerdo.

Hay tardes así. Hay tardes en las que el “llanto” y la “frustración” no son “castigo para las penas” PUES SON INEVITALES POR ÓRDENES DEL DESTINO; y hay tardes en las que la “risa” y la “alegría” son “las golondrinas de la primavera”. Hay tardes así.

Lo cierto es que el “llanto” y la “frustración”, la “risa” y la “alegría”, son expresiones que revelan hondos sentimientos de quien con enorme sencillez y frescura cree que es de lo de lo más fácil, como si fuera ocurrencia del destino, triunfar sin esfuerzo ni sacrificio. Ingenuamente –bella ilusión- suponen que “la luna es de queso”.

De ahí que pueda afirmarse que ni las exageradas lisonjas, muy frecuentes, por cierto, ni el engaño descolorido del rechazo son realidades absolutas pues es frecuente que el “llanto”, la “frustración”, la “risa” y la “alegría” alternen en un mismo espacio creando confusión y extrañeza. De ello se deriva, al faltar contundencia a la tendencia, el falso enamoramiento de público y torero.

¿De quién se enamora el público de los toros?

Luis David Adame

No se trata de juguetear con adivinanzas, pero la lógica determina que al altar de los honores y las alabanzas llegarán quienes en el ruedo descubran la HERMOSURA DE LA ILUSIÓN Y LA BELLEZA DE LA FANTASÍA TORERA, descubrimiento que en las manos de Cupido abre la chapa del romanticismo para facilitar el verdadero enamoramiento. Me queda claro que los públicos se enamoran de los toreros que “no quieren burlar con pretextos -ni mimos ni consuelos- su heroica fantasía que los transforma y eleva: “la de llegar a la cumbre de la torería”.

¿Quiénes triunfan?

Triunfan quienes, al valor, al carácter, al arrojo, al temple, a la inteligencia, al duende, a la gracia torera, a la gallardía, a la elegancia, al orgullo, a la inspiración y al honor los incluyen en la estructura de “la humana arquitectura del toreo”.

José María Hermosillo

Lo simpático de mi suposición fue que, en el mercado de la fantasía, ya había compradores de rosas y claveles –¿señales amor?- para entregarlas a Luis David Adame y a José María Hermosillo.

Avatar

Author: José Caro