“¡CELEBRO Y CANTO MI LOCURA!”

A PESAR DE LA RIQUEZA METAFÓRICA DEL TOREO NO ES EXTRAÑO QUE CIERTOS AFICIONADOS NO COMPRENDAN QUE ANTE EL PELIGRO SE “ESCUCHA” EL ROJO DE LA SANGRE, Y SE “SABOREA” LA BRILLANTE LUMINOSIDAD DE LA BELLEZA ESTÉTICA

Lamentando el percance de Arturo Macías en Madrid –ayer domingo- me vi obligado a pensar en la “sangre” que, en el toreo, siendo sustancia vital de los espíritus de fuego, tiñe con su color escarlata el arte y la poesía de la tauromaquia. Dolor, pesar, tristeza y “sangre”. Lo cierto es que sintiéndome conmovido con el trance de Arturo, el espectáculo del toreo se replanteó en mi cerebro que ardía en mi cabeza en llamas. Si bien en torno a él se lazan vigorosas la poesía, el arte y la belleza, finalmente me seguí preguntando: ¿Por qué “querer” lo que se riega con sangre?

Luego de retozar con cierta inquietud en la rueda de la fortuna de la imaginación me queda claro que el toreo –espectáculo- no es, y nunca lo será, una manifestación visual para “mirarse” en una sala de conciertos. Aunque está dentro de lo posible que un concierto se ejecute –“se escuche” y conmueva-, en una plaza de toros. Lo cual me lleva a creer que en una plaza de toros se puede “mirar” con los oídos del alma la música, pero que en una sala de conciertos nunca se podrá “escuchar” con los ojos del corazón el toreo.

-“Pepe, me dijo quien siendo mi confidente de mis pensamientos, los que se desbordaron en sonoras palabras ayer viendo las imágenes de lo ocurrido en Las Ventas, y la que en ocasiones divertidas se autonombra como “mí secretaria”, la música, me dijo, tal y como lo piensas, se escucha pero no se mira, y el toreo se mira pero no se escucha. Y, además Pepe, el alma no tiene oídos y el corazón tampoco tiene ojos”.

Cuando la miré para escudriñar las intenciones de ella –la secretaria-, ella se llama Anahí, pero en el cotorreo de todos los días la llamo la “Miratodo”, supe que a pesar de la hondura con la que taladra el iris de los ojos ajenos, ella podría ver burbujas, pero que no lograría mirar el vapor del agua que olea en el interior de ellas. Cuando quise platicar con tan amable, simpática y curiosa amiga, tuve la sensación de desperdiciar el tiempo toda vez que, por más que lo intentara, nunca lograría hacer entender a la simpática “secre” que los toreros, siendo personajes de aire, también son un cierto tipo de globos que pueden flotar donde fluyen la imaginación, el drama, la tragedia y la belleza. Y que flotando y mirándolos se puede percibir su sabor.

Quien flotaba divagando con extrañeza en la atmósfera de la incertidumbre, escuchándome, era mi asombrada interlocutora. Mirando en el fondo de sus pensamientos adiviné –pues tampoco los pensamientos se pueden ver ni escuchar- que entremezclaba en su mente dudas y afirmaciones: dudaba de mi cordura, y afirmaba mi locura. Adivine que en sus íntimos adentros se decía “pobre viejo, ya no puede con el fardo de su locura senil”.

Quise entablar diálogo con ella para explicarle que en el toreo hay suertes que sin meterse en boca se saborean, y que hay actitudes de los toreros que sin pasar por la boca se paladean. ¿Por qué entonces no es posible mirar las suertes y actitudes con los oídos del alma si el toreo también es música? Supe, dada la renuente actitud de la señorita “Miratodo” para entenderme, que difícilmente comprendería que los aficionados “puros” del toreo tienen activados simultáneamente los sentidos del oído y la vista, y que, vaya milagrería de la imaginación, los oídos del alma “miran”, y que los ojos del corazón “escuchan”.

Desistí de mi afanoso empeño por hacerme entender: nadie parece tener voluntad para entender –“me”- que en el toreo hay formas de humo que se escuchan y sonidos bañados en sangre que se ven. Debo confesar que en su momento también me sentí confundido cuando –siendo joven- y leyendo las prodigiosas expresiones poéticas de Rubén Darío, supe -intuí- que había lágrimas de “cristal” y “risas” de oro. ¡Magia de la imaginación!

¿Habrá mayor cantidad de oro en los sonidos del toreo, y más belleza musical en las formas de las suertes?

“CELEBRO Y CANTO MI LOCURA”

El destino de “El Cejas”

Lo que no puedo celebrar es que el destino le haya impedido una vez más que Arturo Macías saliera triunfante del coso madrileño. Sentí pena, sensible amago de inconformidad. ¡Qué pena por Arturo! ¿Qué canto habrá en sus oídos?

La simpática “Miratodo” vio algo extraño en mis ojos, y al mirarlo me le dije que podían ser divinas perlas dibujadas de rabia y dolor. -“Pepe, comentó Anahí, tienes carita de loco”, lo cual acepté con resignación. Pero lo maravilloso de la tarde fue que con un beso de ella –ósculo de princesa- en mi mejilla mi rostro se volvió como de ángel pues, luego de un moderado preludio que me elevó, me sentí en el cielo.

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Author: José Caro