ARRASTRE LENTO

José Caro

¡NO! ¡NO Y NO!… NO SOMOS INDEPENDIENTES

NUESTRA INDEPENDENCIA TAURINA NO DEJA DE SER CARIÑOSA UTOPÍA PUESTO QUE ESPAÑA SIGUE IMPONIENDO DIGNIDADES, CATEGORÍAS Y RECONOCIMIENTOS

Costumbre y tradición. ¿Pero en realidad sabremos los mexicanos qué sentido tiene la celebración de la tan traída y llevada “independencia”?

Aunque pudiera carecer de sentido “patrio”, en lo personal no puedo dejar de asombrarme con el bullicio septembrino que es costumbre y tradición. Algo tiene de divertido el relajo callejero en el que bailan banderitas y rehiletes al son alegre de las notas que dejan la estela cromática del verde, blanco y rojo. Captura mi atención la comicidad disfrazada de tanto chiquillo que presume su varonil bigote, su sarape y sus huaraches. Y las chiquillas, lindas monadas que lucen sus trenzas y sus rebozos.

Pero lo de anoche fue más que divertido; el “pueblo”, la “raza”, amontonada en el atascado zócalo de la ciudad, bailó, cantó, gritó, arrojó petardos, le entró con ganas a los tamales, y entre cucharada y cucharada de pozole, con frenético estrepito festejó que un personaje en el balcón de la sede del gobierno local repitiera el “grito patrio” que dicen hace años “gritó” el afamado cura que además de ser un clérigo libertino fue ganadero de reses bravas y toreador de pilón.

Y fue escandaloso el sensacional alboroto que causó el sujeto que “gritó” en el balcón cuando hizo sonar la campanita que, avergonzada por no complacer con satisfacción al “pueblo”, simuló un repiqueteo que fue opacado por el estallido festivo de la “raza” que en juerga de malas palabras hizo volar sus cachuchas y sombreros. ¡Viva México! ¡Viva la Independencia “caones”!

Regresé a mi casa repeliendo el nauseabundo hedor de la pólvora escandalosa pateando basura y mentándole su “amacita” a los que hicieron de mis ventanas depósito de sus vómitos y orines, generoso y pestilente obsequio de los prostíbulos y antros que ingeniosamente los políticos en turno nos hicieron a los que tormentosamente vivimos en la calle de Venustiano Carranza.

Y enfurecido no pude más que insistir en la pregunta: ¿Cuál independencia? Volví a la realidad, y dejando a un lado las cuestiones con las que se intenta rendir honores a los que dicen que nos dieron patria, preferí adentrarme en mi mundo: el de los toros. Pero en él también sentí estremecimientos. ¿En realidad somos “independientes” taurinamente hablando?

¿Cuál independencia si seguimos liados –y atados- a la casa paterna?

Dada la pervivencia del toreo en México, volvía a “re volver-doblar flexionar”. Y recordé que, según el texto de la Historia, el principio de la “independencia” fue dramático por violento y caótico. -“Los lazos que unían a la Colonia –México- con la Metrópoli –España- perdieron la fuerza que los estrechaba; la lozanía se había fugado del rostro que, ajado, impotente observó que las relaciones habían dejado de ser armoniosas y fecundas. Y fue la inercia la que sostuvo la conexión en las relaciones de sangre, religión y cultura”.

Me quise imaginar aquellos estertores previos al colapso.

-“Llegó el momento –dice la Historia- en el que ya nada unía al país con España, y con violencia se cortó el cordón umbilical. Y en flujo y reflujo de la gran ola se alejaron de nuestras costas los privilegios ya agotados y llegaban nacientes deberes, compromisos y obligaciones”.

Como remanente que no pudo alcanzar la orilla nos quedó LA FIESTA DE TOROS. Así, y titubeante, México se alejó de la cabecera paternal para dar vida a su propia Fiesta, producir sus toros y sus propios toreros.

Pese al tiempo transcurrido, me pregunto, ¿no estaremos atrapados por las trampas de las querencias y las creencias? ¿Taurinamente vivimos una merecida “independencia” de España”

¡No! ¡No! y ¡No!

“Pa” acabarla de amolar, todavía me falta por desatontarme con otra cosa parecida, el desfile. VOY CON LA CURIOSIDAD DE SABER SI, COMO EN OTRAS ROMERÍAS, TAMBIÉN DESFILAN LOS TRADCIONALES CABALLITOS CON SUS RESPCTIVOS CHARROS, LAS MANOLAS, Y LO TOREROS.

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Author: José Caro