ARRASTRE LENTO

PUESTO QUE SE SIENTE QUE LA FIESTA PARECE ESTAR ENFERMA, ES LA “ESPERANZA”, Y NO LA RAZÓN, LA QUE ALIENTA LAS EXPECTATIVAS DE QUE SIGA CON VIDA

Me parecería un error de la “imaginación” figurar a la Fiesta de tos mexicana enferma. A pesar de su añosa consistencia luce vigorosa. Pero me pareció lógico que los taurinos tertulianos, haciendo uso del último recurso para apelar recurran a la “fantasía”, aliada de la “inspiración”, para atinar a resolver sus dramáticos cuestionamientos. ¿Qué le pasa a la Fiesta de toros mexicana que parece enferma?

Hace un rato –cinco de la mañana con 23 minutos- ¿soñaba o estaba despierto? En realidad, algo me hizo tener en mente la figura literaria que evoca los días aquellos en los que el diluvio universal transformó la tierra en mar, y que fueron la “fantasía” y la “imaginación” los que le dieron vida a la “ESPERANZA”. Según los textos, a la vera de los bíblicos, cuando la “esperanza” se hizo real, el ser humano vibró de locura emocional. Creó el hombre la “ESPERANZA”, y a ella se atuvo para confiar en que la tierra no acabaría sumergida y ahogada. ¡Qué hermosa figura!

Imaginaba. Imaginaba que ante los anti-taurinos ¿al aficionado, y no se diga quienes dependen de ella “la Fiesta de toros” qué le hace mantener viva la creencia de que su solicitud a la “razón enemiga” obtendrá una respuesta favorable? ¿Qué le hace suponer que “su derecho” será respetado por las mentes obtusas que creen que el mundo está en sus manos? Por salud emocional el aficionado, y no precisamente como simulación del poder de la plegaria, entre civilizados ruegos ahora confiadamente vuelve a atenerse, más que a la lógica, a la “ESPERANZA”.

Así las cosas, es visible que la “fantasía” -“imaginación colectiva”- del aficionado vuelve a vagar sin freno y sin límite. Y es en ella donde tiene presencia real la “ESPERANZA”. Lo cierto es que en la vida real parece imposible que los enemigos de la Fiesta renuncien a su encaprichado propósito de acabar con su mágica presencia. Empero el aficionado no da muestras de renunciar a su “fantasía” toda vez que ésta, siendo de humo y vacía, es a la vez el bello habitante de un mundo tan distante que, como la luna, por su lejanía orbital parece un ser inalcanzable e intocable. Lo cierto es que al aficionado que intuye cosas grandes y luminosas le queda claro que la “fantasía” no por pasajera es una noción vana e inútil puesto que se sustenta en el estado de ánimo creativo de la especia humano: “EN LA ESPERANZA”

Así de rica es la “fantasía”, producto de la “imaginación”, creadora de la “ESPERANZA”. Por ello el andar que ofrece la “ESPERANZA” es fantástico y sensacional: pasa a ser algo que se torna realidad. Me queda claro que los aficionados a la Fiesta de toros, viéndose ésta ahora tal y como se vio el globo terráqueo cuando, después del diluvio, parecía una isla, una isla rodeada de posibilidades imposibles, no pueden claudicar en su lucha por defender el derecho a la subsistencia del toreo-espectáculo-público. No pueden -los aficionados- bajar los brazos para dejarlo morir pese a que, amenazado por los cuatro costados, parce imposible que subsista victorioso después de la guerra que contra él se avecina. Primer enemigo; la indiferencia social que como ola inundas playas y costas.

Por ello creo en la “imaginación”, y en la “fantasía”: ambas son capaces de crear mundos tan reales y esplendentes: ambas crearon la “ESPERANZA” que, después de que el diluvio transformó la tierra en mar, causó la inmensa alegría de los navegantes del arca de Noé viendo la paloma que dio fe de la sobrevivencia del mundo nuevo cuando apareció con la ramita en su pico.

Así es la “imaginación”; ingenuamente “imagina” que las corridas de toros no necesitarán tocar las puertas de la razón –fenómeno en extravío- de los dueños virtuales del mundo para que le sea respetado su derecho a la sobrevivencia.

POR LO PRONTO ES LA “ESPERANZA” -INSINUACIÓN MÁGICA Y DIVINA- LO QUE DA VIDA AL TOREO EN LA CIUDAD DE MÉXICO, Y EN TODO EL TERRITORIO NACIONAL.

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Author: José Caro