¿EN EL TOREO LAS PROFECÍAS Y LAS PREDICCIONES SON ACTOS DE INSPIRACIÓN DIVINA?

Pepe Caro, el autor

“Hoy va a triunfar Miguel Aguilar en la plaza México. ¡Ya lo verán! Y triunfarán Héctor Gutiérrez y San Román.

Hoy domingo, a temprana hora, en el teatro de mi fantasía, dormitando entre los vapores de los aromados y adormilados recuerdos, y fascinado con los acordes del himno de aplausos que reciben los toreros cuando triunfan, evoqué el éxito que a los toreros los eleva a la dimensión de las estrellas. A esa hora ya tenía mañaneros mensajes en la computadora; quise apagar la fabulosa maquinita que está transformando las relaciones del mundo moderno. Prestarle atención me distraía del propósito de mis recuerdos.

Miguel Aguilar

Empero una rara asociación de “profecías” movió mis “instintos” cerebrales para no apagarla y permanecer ante ella: sentí la tentación y caí en sus garras. Desobligado de mis rutinas diarias, no pude sino servirme una tacita con café negro –en verdad negro y no color café- al lado del aparato que por fortuna no conocieron mis padres -pues de haberlo conocido ello me hubieran privado de las delicias y calidez de su compañía y enseñanza-, para darme al placer compulsivo de escribir.

San Romàn

Sentí la necesidad de escribir al respecto de esas raras profecías que acontecen en el medio del toreo. El viernes por la noche, luego de escuchar los interesantes conceptos de los ganaderos, padre e hijo, de Medina Ibarra, una voz, alardeando de seguridad, me echó al oído: “el domingo va a armar un taco gordo Miguel Aguilar en México”, y polvo de estrella repartirán en el ruedo San Román y Gutiérrez. Pero enfatizó su argumento con Aguilar.

Coincidente con tal aseveración -soy creyente que en Miguel hay un torero “non”- y sorbiendo gota tras gota del “negro café”, recordé una profecía que, habiéndola leído hace buen tiempo, no termina de asombrarme.

“IGNACIO ME ACABA DE ANUNCIAR SU PROPIA MUERTE”.

“Profecía” y misterio… ¿adivinación de orates y poetas?

La Historia del toreo tiene mucho que “deleita” a los curiosos, pero “curiosamente” cuando fue redactada por los acontecimientos mismos, dejó a su paso vientos de “asombro”. Uno de estos, todavía inédito para las inquietas mentes de quienes gustan indagar, ocurrió en la intimidad de un grupo de intelectuales españoles que, dada la importancia de los personajes que lo componían, -Rafael Alberti, Luis Cernuda, Fernando Villalón, Antonio y Manuel Machado, Federico García Lorca- trascendiendo las fronteras de la intimidad hoy todavía abona semillas –polen de misterio- de perplejidad en la imaginación.

Héctor Gutiérrez

Y es que, según se cuenta, una vez retirado Ignacio Sánchez Mejía de su actividad “profesional” como torero, suceso celebrado por sus “alternantes” intelectuales de generación –el afamado “grupo del 27”, compuesto por hombres de letras, de cultura y de luminosa imaginación- al dar a conocer su deseo de “regresar” a los ruedos no logró más que conmocionar al selectísimo grupo de amigos y admiradores que en altísima consideración y estima le tenían. Y es que, a sus 43 años, habiendo acumulado los síntomas de la edad, y bien vivido las bondades de la abundancia, parecía innecesario que pusiera en riesgo la comodidad obtenida en la siembra benéfica de sus afanes juveniles.

Y fue precisamente un “poeta” el que, presintiéndola acaso, “profetizó” tan letal desgracia. Así son los poetas, espíritus que, viendo lo que otros no ven, visualizó como “adivinanza”, ejercicio en el que la predicción obedece los cánones de la inspiración, el mortal y fatídico acontecimiento que estremecería el seno del “grupo de los 27”, y perturbaría la paz de la conciencia toreramente burguesa de aquella época.

Ignacio, a mediados del año 1934, le expresa –confiesa- a su amigo, y casi confesor, Federico García Lorca, su deseo –el que a la luz de la “imaginación” del afamado “granadino” parecía incoherente- de regresar a los ruedos a “jugarse la vida en busca del misterio de torear”.

“IGNACIO ME ACABA DE ANUNCIAR SU PROPIA MUERTE… ESTÁ DECIDIDO VOLVER A TOREAR”.

Muere, el 13 -ah con el 13- de agosto de 1934, a consecuencias de la cornada que le infirió el toreo llamado “Granadino”. Así se cumplió la fatídica profecía. ¿Predicción por inspiración divina?

Quien me echó en cara, a manera de apuesta, que Miguel triunfará triunfaría en grande en México no es “poeta”, mucho menos “profeta”, es un aficionado que por su edad, madurez, y anti-solemne serenidad, aficionado también a las libaciones etílicas que dan envidia a los que prefieren embriagarse con los halagos de la vanidad don Manuel, viejo conocido que le sabe dar frescura y novedad las palabras viejas.

Me enriquece lo que me comenta don Manuel: leyendo lo que escribí apenas ayer, y sin consuelo que aminorara mi dolor puso en el tímpano de mis oíos lo que, siendo cierto, no lo podía entender: “qué pena José que con tanto afán escribas, pero nunca has creído que a nadie le interesa lo que apuntas pues son tantas las letras que a cualquier sensato lector le da flojera pasar sus ojos sobre tu amontonamiento de palabras” Su palabra es profecía don Manuel, pregunté, o es severa amonestación.

Un sorbo a su tequilita antecedió a lo que me queda claro, y si es profecía o no poco vale perder el tiempo discutiéndolo. Lo que no puedo discutir es que, conociendo las capacidades de Miguel -especialmente las de éste-, las de Gutiérrez y las de San Román, tiene sentido apoyarse en la figura de la profecía para adelantar, y no como adivinanza, que hoy triunfarán fuerte en la plaza México.

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Author: José Caro