SE ACABARON LOS CICLONES

Carlos Arruza

Ya termino o está a punto de ello, la temporada de los antes llamados “ciclones”, vientos fuertes, en adelante serán “frentes fríos” o de cualquier otro nombre de reciente invención, tanto en lo que resta del otoño y en el feliz próximo invierno, que en esta bella ciudad siempre disfruté con agrado, muy especialmente en aquellos años juveniles en que se abrían las puertas del famoso “Toreo de Puebla”.

Cuando había carteles con toreros como don Fermín Espinosa, “Armillita”, Luis Castro “El Soldado”, José Gonzales “Carnicerito”, Carlos Vera “Cañitas”, Lorenzo Garza, David Liceaga y un joven con pocos años de alternativa y que ya era parte de carteles importantes y que, como la mayoría de los citados, ases del segundo tercio, también él lo era.

Su nombre: Carlos Arruza, muy identificado con la afición poblana de la época, pues lo había conocido desde becerrita en la vieja plaza de “El Paseo”, lo mismo que en “El Toreo” y que se encerró con seis astados de Atlanga para la filmación de su debut cinematográfica en la película titulada “Mi Reino por un Torero”.

Arruza, el único Ciclón

Poco tiempo después viajó para torear en Portugal, donde era muy apreciado como todos los buenos matadores- banderilleros y al reanudarse relaciones entre toreros mexicanos y españoles, después del famoso “Boicot del Miedo”, fue el primer mexicano en torear en Madrid, en tarde inolvidable, de apoteosis, que cuando banderilleaba a uno de sus toros la gente, el conocedor público madrileño, ya pedía las orejas para el mexicano.

Allí surgió el nombre de “El Ciclón Mexicano” y más tarde lo emparejaron con el máximo torero de época don Manuel Rodríguez Sánchez, “Manolete”. Y realmente Arruza fue un ciclón en los ruedos españoles. No cabe duda de que hay “cronistas” y taurinos que ignoran quien, y lo que fue Carlos Arruza, y en cuanto algún novillerito principiante liga dos o tres éxitos, le llaman “Ciclón”.

No tan criticable fue lo de un cronista deportivo el cual ignoraba quienes fueron dos grandes toreros mexicanos: don Antonio Velázquez, de León, Guanajuato, y el poblano José Huerta Rivera a quienes acomodaron mote de “El León de León” al primero y “El León de Tetela” al otro, y que con poco que hizo un joven matador local, le acomodaron tal mote.

Pero pasó poco tiempo para que los ciclones y leones inventados sin base firme, como en el cuento de los tres cochinitos, quedaron en un ligero vientecillo y león exterminado por los verdes que acabaron con las ferias de los circos. Actualmente y después de varias temporadas, han surgido buen número de novilleros formados aquí en España, que ojalá pronto sean auténticas figuras del toreo.

Y… ¡Suerte!

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Author: Jaime Silva Gutiérrez