LA SABROSA NECESIDAD DE GOZAR CON EL POCO RAZONADO PERO ATRACTIVO EJERCICIO DE “CRITICAR”

Me quedo con la pregunta sin respuesta: ¿Las opiniones de los aficionados ocurren dentro de un elemental contexto de sensatez? No es la primera ocasión que tal cosa sucede, antes bien, que le quede claro a la empresa -a toreros y ganaderos- que hay suficientes motivos para que el aficionado –el que de verdad lo es, exprese y manifieste su inconformidad. Tomando en cuenta la cascada de opiniones que generan los ya famosos “teofilitos”, y los “bernarditos” –más algunos otros “itos”- por su descastada conducta en los ruedos – aunque son “de miel” cuando la nobleza y buen estilo se adueña de su comportamiento, el taurino debería meditar en ello. Lo cierto es que no se puede ignorar que con inusitada frecuencia se han desprendido en atropellado alud las voces de los aficionados que en brutal vorágine manifestaron sus puntos de vista en relación a tan encumbrado descastamiento de ciertas ganaderías que gozan de la preferencia de algunos toreros de renombre, entre ellos las llamadas “figuras” actuales. . ¿Tales opiniones son pronunciadas dentro de un contexto de comprensible sensatez?

En lo particular acepto que el aficionado goce del derecho natural de decir lo que piensa: lo que me causa comezón en el ombligo –lo cual me hacer reír- es que cualquiera de ellos –careciendo de la elemental autoridad y conocimiento para “enjuiciar”- “vierta su opinión como una premisa que, sin razona, pues las vísceras se lo impiden, termina diciendo”. Me quedo con la pregunta sin respuesta: ¿Las opiniones de los aficionados ocurren dentro de un elemental contexto de sensatez?

Los juicios y opiniones son múltiples, y son expresiones tan diversas como lo es el ser humano en relación al próximo. Hay aquellas que, coincidentes con las que presumiblemente gozan de “cabal salud”, con trasparencia divulgan su aceptación y reconocimiento a lo que actualmente ocurre en términos generales en la Fiesta moderna; y hay aquellas que no son más que toscas tentativas de censura, rechazo y negación al mérito de la ganadería, del torero, y -ojo y escándalo- de LA EMPRESA QUE REGENTEA LAS PLAZAS MÁS IMPORTANTES DEL PAÍS.

Lo aclaro para evitar confusiones: no me causan simpatía las opiniones que, aunque merezcan el derecho a su expresión, carecen de las herramientas necesarias para hacer sensatas valoraciones y enriquecidas aportaciones. Tal y como dijera mi compadre: “los patos tirándole a las escopetas”. Tampoco me agradan aquellas que, con insólita soltura y despilfarro de términos tan sólo causan “inocuos enfrentamientos”.

Me quedo pensando en los llamados “críticos”.

Lo cierto es que la “crítica” tiene sus bemoles, por tanto, hay que ser cautelosa con ella. ¿Quiénes son “críticos”, y cómo arriban a sus conclusiones? ¿Los críticos” son pensadores con preclaras capacidades de guías? ¿Son sirvientes de intereses? ¿Son intérpretes? ¿O son acaso penetrantes observadores cuyos juicios cuentan con la virtud de modificar la comprensión de quien considera a la “crítica” un referente cálido?

Lo que sea, en realidad la “crítica” EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN -pues la tabernaria y cafetera en realidad carece de la necesaria transmisión como para considerársela factor de influencia- ha tenido un valor específico en la configuración del mundo del toreo a través de la HISTORIA MISMA. El ideal ha sido encontrar una que al margen de las tendencias tenga la capacidad de infundir sincera devoción por el CULTO A LA VERDAD. Sin embargo, pronto me topo con la duda de saber quién la tiene con carácter absoluto.

Me quedo con la pregunta sin respuesta: ¿Las opiniones de los aficionados- inclusive aquellas que, por difundirse en los medios tradicionales de comunicación asumen un rango protagónico- ocurren dentro de un elemental contexto de sensatez?

¿Quién tiene la razón en cuanto al diagnóstico que se le hace al cuerpo de la Fiesta moderna en México? Fiesta a la que se la ve enferma y deteriorada así luzca en aparente belleza y esplendor.

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Author: José Caro