¿QUÉ ES BUENO SABER…?

UE DE LA VIRGEN -DE GUADALUPE-HABLE QUIEN DE ELLA SABE, QUE DEL TOREO YO PUEDO SABER, ACASO LO QUE OTROS IGNORAN, QUE ES UN MILAGRO DE LUZ Y COLOR

Hoy, día de las “Lupitas”, después de acompañar a mi comadre “Toña” a la misa de gallo en el templo de Guadalupe –ciudad de Aguascalientes- y luego de repartir abrazos mañaneros a cuantas de ellas me encontré –pues así de muchas fueron-, me tentaron curiosidades mentales que, pesé haberse agotado su fuente exploradora, no me han dado sosiego. Sentarme a trascribir mis inquietudes fue un calmante. Y aparentando serenidad juiciosa, por orden de subordinación puse en primer plano la interrogante “curiosamente” desesperada. Siendo el día en el que se conmemora el milagro del Tepeyac, urgiéndome una aclaración satisfactoria, me acosó la pregunta ¿Qué conocemos de la Virgen -de Guadalupe- a no ser “su bella imagen tapizada de rosas”?

No sé por qué, pero al ritmo acelerado de mi alocado y personal interrogatorio en seguida me cuestioné: ¿Qué conocemos del toreo a no ser “su señera imagen figurada y excitante contextura emocional”?

Con las falanges en duda, pues no atinaban con las letras exactas, pude teclear –y plasmarlas- ideas en fuga que, a manera de respuesta, aparentaron ser juiciosa solución al jeroglífico de humo. Levantarme para darle su abrazo a la “Lupita” que, de visita en casa, arruinó la dotación de chocolates destinada para agasajar a las “Lupes”, no desvió la punzante inquietud de mi curiosidad. ¿Qué de la Virgen conoce el devoto, y qué del toreo conoce el aficionado?

José Caro

Permítaseme hacer una aclaración que no supone distracción. ¿Por qué el reparto de chocolates? Compartir con ellas -con las “Lupitas”, nombre emblemático de la mujer mexicana- la miel de tan deleitosas golosinas me ha significado hermanar el azucarado sentimiento de compañía y solidaridad que me liga a los seres humanos ansiosos por pactar la unidad y exterminar la descomposición grupal.

Retomando el tópico, confieso que me suena a “terror” afirmar que el mexicano conoce poco o nada de la “Virgen -de Guadalupe-, a no ser “su bella imagen tapizada de rosas”. Y aunque el mexicano también sabe de la importante participación de Juan Diego en el sobrenatural acontecimiento, y sabe de la oposición que éste tuvo en la cúpula clerical hasta que desplegó el portentoso ayate en el que se perpetuó la imagen divina “bañada en rosas”, su fanática actitud no le conduce más que a “pedir sin cuestionar” -fenómeno de fe- sin suponer que la vivencia creyente -y la reflexión- puede enriquecer su espíritu y no sus bienes materiales.

¿Qué sabe el aficionado, presunto devoto del misterio del toreo, a no ser que es una emotiva, exótica y extravagante manifestación que, llena de espectacularidad y colorido, asume el rol de “expresión artística”?

¿Qué es bueno saber? Que de la Virgen -de Guadalupe- hablen los que de Ella saben, que del toreo yo puedo saber, acaso lo que otros ignoran, que,…

“Sé que el toreo es el color que representa “luz”, fenómeno que supone alegría, relieve, distinción, y sé que su ausencia evoca, como la pintura cuando no pinta colores, irremediablemente sofocación, hastío. Sé que el toreo, acorde a su solemnidad, siendo luminosamente bello y trágico, no tiene sentido si carece de la policromía del paisaje del sentimiento.

Y aunque sea terrorífico afirmar que el devoto al milagro mariano, y el aficionado a los toros, poco saben de la esenia espiritual de ambos fenómenos, es bueno afirmar que el toreo está compuesto de colores íntimamente ligados con la ilusión, la fantasía romántica, la poesía, la tradición y el simbolismo emblemático de una expresión que siendo de origen espiritual se materializa de actos ajenos a las vulgaridades de la crueldad por sí misma, expresión que siendo actividad pura de un sentimiento casi religioso, eleva y purifica el corazón y la conciencia.

¿Se ha fijado usted en los colores de la imagen de la virgen de Guadalupe? ¿No se ha percatado usted que son los mismos del ayate virtual del toreo?

¡Un abrazo a las ”Lupitas”! Y aunque se acabaron mis chocolates, todavía me queda dulce en el alma para estimular a los taurinos a no dejarse vencer por la opacidad que por la inaplazable mortificación del tiempo y los cambios modales que proponen su existencia se avecinan ante nuestros ojos.

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Author: José Caro