“HEROÍSMO SÓLO PARA LOCOS”

Verdad o mentira: El “sentido común, el más raro de los sentidos. ¿será cierto?

El autor

En mi juventud el diálogo -el que sobrevive en mí como recuerdo- con aficionados adultos dibujó en la pantalla de la mente imágenes que hoy cobran lustrosa vida. Dialogaban en amena charla Víctor Manuel Esquivel, en aquellos años además de cronista representante de la empresa de la plaza “La Aurora”, Jaime Rojas Palacios “El Jesuita”, y el aficionado señor Pietri.

Víctor Manuel Esquivel

Decían en tono un tanto doctoral que ser “buen aficionado” a los toros era un verdadero “heroísmo”, sustantivo sostenido por el gusto de una afición –inclinación- que extrañada por las cíclicas rarezas e imprecisiones de la fiesta de toros en ocasiones se sentía verdugo, y en ocasiones mártir. Empeñaba valores para obtener dinero y con él comprar boletos “para ir a los toros”. En son de mofa decía que algunos empeñaban “hasta la vieja”, colección de monedas para lo mismo. Coincidían, pues así lo concebían, afirmando que el “heroísmo”, habida cuenta del enorme sacrificio que representa serle fiel al toreo, significaba el valor más alto del “buen aficionado”.

Y decían, lo cual pasado el tiempo aún hoy me ha sido imposible contradecir, que un “buen aficionado” abraza con luminoso gusto, fe y confianza al toreo como ejercicio, y a la Fiesta como el ambiente material y psicológico en el que se realiza. Y coincidentes decían en su charla de viejos -¿charla de sabios?- que para ellos les resultaba dificultoso en extremo explicarse el modo “milagroso” que se operaba en los seres humanos presos del cautiverio de la tauromaquia, espacios en el que para sobrevivir ya en sí mismo significaba un cierto grado de “heroicidad”.

Y aplaudían con asombro el puntual cumplimiento de los deberes de los aficionados. El principal: ir a cualquier lugar, en cualquier momento, y sin escatimar sacrificio alguno, a cuanta llamada les hiciera el toreo y la Fiesta. Y reconocían su noble entrega habida cuenta que para “el buen aficionado”, que pudiera parecer iluso, no existe suciedad ni mancha que cambie el rumbo ni el sentido de la adoración y fidelidad de su “inclinación gustosa” entendida como “afición”.

Era cuando hablaban del “heroísmo”: “heroísmo” en conjunción, decía don Víctor; “heroísmo” del pensamiento y la razón y decía don Jaime; “heroísmo” del sentimiento, decía el señor Pietri, ”heroísmo” de la pasión que en violentos arrebatos de desesperación ha logrado sobrevivir, decían los tres con tristes tonalidades de desconsuelo. Y entre los tres alababan el “heroísmo” de la expresión del arte del toreo, mágica y milagrosa posibilidad humana de trascender.

-“Y es que, argumentaba con sigilosa cuanto mística emoción don Jaime Rojas, el corazón de los “buenos aficionados” se vuelve cántaro de barro cocido con el fuego de la afición –inclinación emocional y espiritual- sin esperar que, al amanecer del día siguiente, negros nubarrones sean la visión que desborda las lágrimas “AGUA DEL CORAZÓN” que jamás podrán lavar la sangre de las heridas del TOREO HECHO MENTIRA.

Una voz preguntó; ¿Cuándo el toreo es mentira señores? Don Jaime, malicioso con razón, pues sabía de las mentiras necesarias que existen en toda verdad, pretendió aclarar el punto: Es muy sencillo: “EL TOREO SE VUELVE MENTIRA CUANDO SE REALIZA –SIENDO CORRIDA DE TOROS- CON NOVILLOS O COSA PARECIDA”. Eso, y sin esperar aprobación, lo dice y afirma cualquier aficionado con “sentido común”. ¿Ser cierto que tal sentido es el más raro de los sentidos?

Author: José Caro