¿DE QUÉ GRACIA GOZA AGUASCALIENTES QUE PROGRESIVAMENTE SE FORTALECE SU PRESTIGIO Y SE CONSOLIDA SU NOMBRE?

¿Será cierto que, para un torero, novillero o matador de toros, torear en Aguascalientes es una experiencia que calienta y enciende su fantasía e ilusión y hacer arder e inflamar su espíritu?

Lo he visto, y hasta experimentado, pero cuando se va a torear en esta linda tierra el natural entusiasmo del torero queda absorto en profundos pensamientos, llenos de cuidados emocionales urgentes, encendidos por los deseos fervientes de lograr el ascenso al estrellato. Y obliga de tal manera al torero a esmerarse en todo su quehacer que bien pueda referirse y ese entusiasmo como el verdadero y genuino “entusiasmo heroico” de los toreros.

Tal vez se interprete como un simple trámite vacío, o hasta como un vacuo ejercicio de especulación. Lo cierto es que el sentido de la siguiente afirmación tiene la solidez de una roca: “Los aficionados de Aguascalientes están seguros de que a los novilleros y a los ganaderos se les agiganta la ilusión de triunfar en tan agradable y acogedor coso ubicado en el barrio más emblemático de la ciudad: San Marcos.

¿Por qué ocurre tal fenómeno? Tal circunstancia se presenta dada la bien ganada reputación que las plazas de Aguascalientes han sabido solidificar.

Como aficionado –que soy- desinteresado de los triviales alegatos de esquina, de cantina y de café, pues no soy –aficionado práctico- adorador fanático de las discusiones estériles, confirmo conocer a toreros y ganaderos que anhelan triunfar en dichos escenarios como si fuera la única maniobra radical que les puede dar un significado valioso a su propósito de llegar al estrellato.

Me queda claro que los toreros dicen no estar completos si no salen con “las peludas en las manos y en hombros de las plazas locales”, en tanto que a los ganaderos algo les falta si sus astados por su comportamiento en el ruedo no se hacen merecedores de los vítores y aplausos del respetable.

Coloquialmente se dice -versión que fomenta la admiración- que Aguascalientes por sus características en su manera de ver, realizar y entender el toreo y la Fiesta “es otra cosa”, “cosa” que no se parece a ninguna otra. Y es que por su notable y elevada diferencia ocupar espacios en las plazas de Aguascalientes –especialmente en las corridas de feria- ¡significa y dignifica! al que lo haga. De ello los aficionados están convencidos, de tal suerte que, dada la singularidad de su condición, Aguascalientes taurinamente es visto como “modelo” y “maestra”.

“Modelo” que debe imitarse. “Maestra” de la cual debe aprenderse.

Y es que otra cosa sucedería si en todas las plazas de México se atendieran con el refinado esmero los pormenores que han elevado la renombrada membrecía de la ciudad. Es a todas luces merecedora de elogios la tendencia de dar cumplimiento al sueño romántico que está en la intimidad de la Fiesta, intimidad que clama –y reclama- la pureza en la aplicación de las formas –fondo- de explotar la maravillosa manifestación artística del toreo.

De ahí que, aceptada la afirmación que poco -o nada- tiene de ser una especulación gratuita, se entienda que mañana los novilleros saldrán al ruedo tras la persecución de sus ideales, sintetizados en la ambición triunfar en la plaza de toros San Marcos. Y de lograrlo se comprobará que la “inspiración motivacional” que da torear en Aguascalientes es similar a la explosión de la fuerza vital que se experimenta cuando se está en el trance de perder o ganar la vida misma. Y eso se observa, aunque no se materialice pues el ardor de su pasión hipotéticamente brilla tan intensamente como la punta del metal calentado en el horno de la ilusión. Triunfo o fracaso que, herrado en el alma, perdurará para toda la vida.

Author: José Caro