GUTIÉRREZ Y ARELLANO, BIEN FORJADOS NOVILLEROS

Entrada casi de lleno

Tres cuartos de la entraña encementada del taurino edificio aguascalentense del barrio de San Marcos quedó cubierto de humanos.

A la mancha la alentó la tercera novillada de la campaña para la cual se encajonaron seis novillos de buena presencia, uniforme tipo y bonita lámina desde los corrales del criadero de los Herederos de Manolo Espinosa.

Partida de reses fue que cumplió ante los jinetes, pero no dejó de asomar la falta de raza en el resto de la lidia. Los despojos de los tres primeros fueron llevados con los tablajeros entre la silbatina de los presentes. Algo se enderezó el bergantín y como algo admitieran el quehacer taurómaco los corridos en cuarto y quinto turnos, las palmas de la parroquia se elevaron sobre el ambiente a la hora que el tiro de bestias los sacaran del templete.

El mayor atractivo de la función fue la presentación en la temporada de dos jóvenes frescos, valientes y de buen gusto que no defraudaron a los reunidos: Héctor Gutiérrez y José Miguel Arellano. Aquel caminó en paralelo al entablerado con una oreja como pleitesía a su notado desempeño durante toda la tarde, y éste, aún sin cosecha de apéndices, dejó estupendo aroma torero en el foro. Son dos chamacos con amplio futuro dentro de la fiesta, si es que no se convierten en víctimas de la mafia que en ella impera.

Doliente fue la presentación en México del colombiano Andrés Bedoya (silencio y pitos luego de los tres avisos) quien vino, por quien sabe que medios, a protagonizar un contundente fracaso. El cuadrúpedo que dio apertura a la función traía pegamento en las pezuñas y el colombiano una carga densa de precauciones; por ello, a ley, se granjeó el mal humor de la clientela. Poco cambió aquel y ésta palmeó cuando le agarró, por chiripa y no por destreza, un espadazo espectacular.

Bien que se dejó torear el cuarto ungulado; acudió a los engaños sin resabios, no obstante, el extranjero, ya entrado en años como para andar de novillero, carece de la mínima idea de la tauromaquia práctica. Sólido petardo el de él que hizo el viaje a provocar lástima y pena ajena. Más que elocuente fue el coro de ¡toro, toro! De los pinchazos nadie llevó la cuenta. Esta tarde debió haber sido una clara lección de que rectifique el camino en su vida…

Bien plantado veroniqueó a su primer contrario Héctor Gutiérrez (al tercio y oreja), apuntaló envolviéndose en chicuelinas y entonces se dio a extraerle un partido que se olía imposible. La mansedumbre se resquebrajó ante el aplomo, denuedo y torería del moreno joven. Así llegaron, uno a uno, los pases lentos, templados y diáfanos, cimentados en su conocimiento del tiempo y las distancias del toreo. La estocada, lamentablemente, se le observó hasta el segundo viaje.

Y salió en su segundo turno para encajar las zapatillas en la arenosa superficie y hacer, en edición nueva, el buen toreo. Su serenidad, valor y elegancia fueron evidenciados en aquellos derechazos de figura erguida y gallarda en tal faena que plena fue de correcta colocación, acompasado ritmo y bien marcada estructura en la que hizo ver mejor de lo que era en realidad el adversario al que liquidó, luego de tres cuartos de acero delanteros y tendidos, con certero descabello.

Probón como pocos fue el tercero; sin entrega iba a la sarga, sin embargo, el buscador de glorias José Miguel Arellano (silencio y palmas) estuvo firme, con templada actitud, y sobre el flanco siniestro le halló la medida, lugar por el que fueron manando los naturales amplios, sólidos y diáfanos. Los errores llegaron, en hora mala, al empuñar el acero, dejándolo delantero y caído al tercer viaje.

Cerró la función un ejemplar tentaleador y sin clase que jamás se entregó al vuelo de las telas, pero el entusiasmo y buen desempeño del joven local provocaron que, a pesar de todo, se viera en el anillo un trasteo interesante en el que hubo, sobre todo, derechazos expresivos y toreros. La posibilidad de una oreja se diluyó cuando vino el bajonazo y con éste el desencanto.

Author: Sergio Martín del Campo Rodríguez