MURIÓ FELIPE ROSAS… “LAS VACAS ESPAÑOLAS”.

TRISTE LA noticia, así son las partidas de aquellos que se ganaron nuestra estimación y respeto, hoy “el turno” le tocó a un entrañable amigo, fino matador de toros nativo de la conflictiva capital azteca el 5 de febrero de 1938, Felipe Rosas Islas a quien lo sorprendió la muerte en la vía pública en la capital potosina. Estaba emparentado con los Bolaños, Jaime (+) y Martín, una hermana de ellos casó con Manolo Urrutia (+), padre del también alternativado Antonio, exsecretario general de los toreros.

Sintiendo “el cante”… ¡Y trasmitiendolo!

FELIPE CONTÓ siempre con la simpatía de sus compañeros, principalmente la de Manuel Capetillo quien sin rivalidad alguna le tendió la mano, inclusive no tuvo recelos y permitió su apoderado, Antonio Casillas, llevara sus poderes.

AL DECIR adiós de los ruedos fue gerente de la automotriz Volkswagen en Zacatecas, de ahí surge el ofrecimiento mejor de trasladase a San Luis Potosí, en cargo semejante, y lo acepta. Durante un tiempo radica por rumbos de la rivera maya para retornar a su adoptiva anterior ciudad donde su corazón se detiene.   

Junto a Antonio del Olivar y el español Manolo Amador en Mérida… Foto propiedad del Dr. Alberto Cáceres
 

NO TODO en su vida fue grato, hace varios años su hijo mayor fue arteramente asesinado al ser asaltado, lógico que esa situación le cambio la vida dejándolo en un profundo abatimiento.

DE SU torería… Toreando en pequeñas poblaciones fue escalando los difíciles peldaños por lo que todos pasan, esto no pasó desapercibido por los críticos que hicieron llegar a oídos de las empresas y así, poco a poco, fue llamado a cosos de mayor importancia hasta debutaren la plaza México -2 de noviembre de 1958, con el novillo “Artillero” de la ganadería de Zacatepec. Alternó con Rodolfo García, “Chano” Ramos y Sergio Zetina- ahí, en su tercer paseíllo, ya lo hace al lado del por entonces máximo triunfador del coso más grande del mundo, Emilio Rodríguez. Gracias a su buen quehacer torea bastante por la provincia y llega la fecha soñada, la alternativa, que es otorgada por Humberto Moro Treviño y el testimonio de Pepe Cáceres con astados de Coaxamalucan el 12 de marzo de 1961.

En paz está.

HOMBRE MUY educado, muy respetuoso y “sin gatos”, sin embargo, existió una persona que lo sacó de sus casillas, va la anécdota contada por el hoy fallecido…

“UNO DE los vendedores llegó hasta mi oficina solicitándome fuera yo quien atendiera a una persona -un señor Buendía- de aspecto campesino, vestido con pantalón de pechera y cargando multicolor bolsa de ixtle. Deseaba comprar, de contado y en efectivo inmediato, cuatro pulguitas y una troca. Se refería a los tradicionales bochos y una combi. Nunca imaginé que al darle el costo sacara de paliacates anudados el total de la cantidad que le acababa de dar. Ante mi asombro le pregunté a que se dedicaba y sincero y cándido me hacía saber que criaba “vaquitas españolas”.

TRAS EL papeleo requerido para oficializar la venta, acabé de investigar eso de “vaquitas españolas” y claro me dejó ver que eran de casta, ante esto le solicité su permiso para visitar su rancho y, no solo lo logre, puesto que le hice saber que yo había sido torero, él correspondió diciéndome que camino tomar para llegar a sus terrenos, además me aseguraría dos de sus “vacas españolas”… Prosigue…

Cuatro de estos

“MUY TEMPRANO, en compañía de toda mi familia, emprendimos el viaje. Al llegar lo primero que hice fue solicitarle ver los españolizados animales y por poco me desmayo, eran dos vacas que sobrepasaban los cuatrocientos kilos, jóvenes, astifinas y en puntas, por lo mismo creí pronto recordarían lo hecho al tentarlas y mejor opté por darle las gracias. Inocentemente uno de mis hijos me decía que toreara, que nunca me habían visto en un ruedo y acabe aceptando. Indescriptible su buena calidad, al grado que le convencía pudiera lidiar dos más que salieron igual de buenas”.

HOY SOLO los recuerdos quedan, Felipe ya es parte del elenco celestial y creo que fue bien recibido. El tiempo se pasa volando, aceptamos, con trabajo, que nuestro circulo tarde que temprano se cerrara y por lo pronto no nos queda más que decirles a ellos, a los que ya se fueron… Nos Vemos.

Author: Pedro Julio Jiménez Villaseñor

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