LA DESGRACIA DE DON ANTONIO BIENVENIDA COMENTADA POR QUIENES LO AUXILIARON.


Ultima salida a hombros.

OCTUBRE 1975…

FUE, ya es sabido, en la finca «Puerta Verde», propiedad de doña Amelia Pérez Tabernero, a unos 50 kilómetros de Madrid, en el término municipal de El Escorial.

Allí charlamos ahora, ya consumada la tragedia, con las dos primeras personas que atendieron a Antonio Bienvenida inmediatamente después de ser brutalmente volteado por la becerra.

Son el mayoral Marcelino Barbero López y su ayudante Jerónimo Asturillo López; está con ellos la esposa del mayoral, Cati Mateos, que, con su hijo entre los brazos, nos dice:

Era muy común.

– Don Antonio era una gran persona; hablaba con todos, lo mismo con los ricos que con los pobres. A mi niño, muchas veces, le ha traído caramelos, casi siempre que venía a torear aquí, que era muy a menudo; entraba en casa y se sentaba con nosotros un rato. En fin, lo que se diga de él es poco.

¿Y entró también en su casa ese día?

-Sí; como la casa está pegando a la placita, ese día también entró; es más, cuando entró, me dio unos helados que traía, para que se los metiera en la nevera y tomárselos una vez hubiera terminado de torear.

Marcelino Barbero es quien toma ahora la palabra.

-Efectivamente, se han dicho muchas cosas que no son ciertas. Aquí el único o los únicos que podemos decir la verdad de lo que pasó somos nosotros, porque somos quienes lo vimos todo. A mí me tocó cogerlo del suelo, así que figúrese si sabré lo que pasó. Él había venido a entrenarse para mantenerse en forma; lo hacía muy a menudo, y precisamente era una tienta que hasta el final se realizó con toda normalidad. Y, mira por dónde, lo que no le ha pasado en toda la vida de torero, le ha ocurrido con una vaquilla y en una plaza de una finca…

Doña Amelia Pérez se une a la pena, saluda a Ángel Luis, hermano del fallecido.

-Explíquenos cómo fue la cogida…

-Precisamente ahí es donde muchos se han confundido; no fue una cornada ni nada por el estilo. Mire, ocurrió así: Él había toreado a la vaquilla que lo empujó. Una vez que la había toreado, la sacamos de la plaza al campo y, seguidamente, le sacamos otra más pequeña. Bueno, antes tengo que decirle que a la vaquilla esa yo le había dado más de cinco puyazos para probar su bravura. Una vez que la sacamos al campo, metimos otra más pequeña, con la que don Antonio estuvo enseñando a dar unos capotazos a su sobrino Miguelito, hijo de su hermano Ángel Luis, que tendrá ahora unos diez años. Una vez que la torearon, don Antonio me dijo que abriera la puerta de la plaza para sacarla también para el campo. Entonces la otra vaquilla que había toreado antes, y que ya estaba en el campo, cuando vio la puerta abierta, aunque estaba muy lejos, vino corriendo y entró otra vez en la plaza. En ese momento, don Antonio estaba de espaldas a la puerta por la que las vaquillas salen una vez toreadas. Le pilló desprevenido y lo empujó por detrás, dándole una voltereta, que es lo que le ha matado. Quedó completamente con la cabeza para abajo y los pies para arriba, y con el peso que tenía, pues seguramente fue lo que más le hizo…

Jerónimo Asturillo, ayudante del mayoral.

-¿Y no vio nadie que la vaquilla venía corriendo desde el campo?

-Nadie absolutamente. Además, es muy raro que una vaquilla vuelva donde antes le han dado una paliza; pero ya le digo… Seguramente por eso ocurrió que nadie vio que la vaquilla volvía a la plaza.

-¿Cómo se llama la vaquilla?

-Se llama «Conocida»; es negra completamente, y pesa unos trescientos kilos, o sea, que ya no es tan vaquilla; es una vaca grande y además con unos cuernos levantados y muy largos.

Bendición para despedirlo.

-¿Se quejó el torero?

-Claro que se quejaba. El golpe fue todo en el cuello, se lo debió de partir, ya que le dolía mucho; no hubo ni una gota de sangre, ni tampoco cornada.

-¿El se dio cuenta de lo que ocurrió, o perdió el conocimiento inmediatamente?

– De momento no perdió el conocimiento; hablaba con nosotros perfectamente. Recuerdo que se volvió para decir; «¡Levantadme el cuello! ¡Levantadme el cuello!» El hombre debió de padecer mucho durante todo ese rato. Inmediatamente llamamos a una ambulancia, que tardó como una media hora en venir, y se lo llevaron; después ya no hemos vuelto a saber nada más que lo que oímos por la radio, pero ya le digo que él aquí no perdió el conocimiento.

Lola Flores llega a la funeraria.

Resulta que la vaquilla que ha terminado con la vida de Antonio Bienvenida tiene antecedentes bravos. Es de casta. Es hija de un toro al que por bravo se le perdonó la vida en Segovia, en el año 1967, y que se llamaba «Navajito». Y también esta vaquilla es familia del toro más bravo en la Feria de San Isidro, en Madrid, en el año 1973, y que fue lidiado por José Fuentes. Catalina Mateo, que ha acostado ya a su hijo, nos trae la fotografía del toro «Navajito».

-¿Y qué le dijo don Antonio al mayoral de la vaquilla que momentos después le habría de quitar la vida? ¿Que era buena o mala? ¿Qué opinión le dio de ella?

Ángel Luis con su hijo Miguelito para quien se había organizado el tentadero. Quería hacerse torero.
 

-Pues me dijo que yo vería lo que hacía con ella, pero que a su parecer no era buena. Yo también vi que no era buena, así que habría sido suspendida; o sea, esto quiere decir que habrá que sacrificarla, porque no vale para criar.

-¿Y qué harán con ella ahora?

-Pues eso no lo sé. Eso son los jefes los que tienen que decidirlo. Yo, desde luego, no he vuelto a ver a nadie desde la cogida, y no he tenido ocasión de hablar nada con nadie.

-¿Quién fue el primero que auxilió a Bienvenida?

Rey Mago en beneficio de un orfanato.

—Pues nosotros dos, que estábamos en la plaza y salimos corriendo para agarrar a la vaquilla por el rabo y retirarla de don Antonio. También nos ayudó el señorito, don José María Pérez Tabernero, hijo de doña Amelia, y después ya todo el público que había bajó a la plaza y todos ayudaron.

-¿Cómo había estado Antonio en su, desgraciadamente para todos, última tarde?

-Estuvo muy bien. Yo, últimamente, otras tardes, le había visto más torpe, con menos soltura; pero esta vez estuvo muy bien, mucho mejor que la vez anterior que estuvo tentando.

-¿Y no cree que ya estaba un poco pesado para torear?

-No, no lo creo. Don Antonio estaba gordo, pero bastante más ligero de lo que muchos creían. Desde luego, podría haber seguido toreando en tientas perfectamente, y esto que le ha ocurrido ya se ve que no ha sido ni por estar pesado ni por nada, sino porque la becerra le pilló de espaldas.

-¿Ustedes creyeron que sería tan grave el golpe?

-No, señor; nadie pensó que fuera a ocurrir esto, ni mucho menos. Sabíamos, sí, que era un golpe malo, y que él se dolía: pero ya se sabe que las volteretas son lo más normal en los toreros, y aquélla fue una voltereta corriente.

-¿Y él pensó en algún momento que estaba grave?

La puerta por la que salió la vaca causante de la desgracia.

– Ni él ni nadie. ¡Qué nos íbamos a imaginar! Una vez que le dio el empujón, le dejamos en la plaza hasta que vino la ambulancia, y durante ese rato estuvo de broma con nosotros. Incluso le echo un piropo a una chica que había por aquí, de eso me acuerdo perfectamente. Después nos pidió agua y que le sujetáramos la barbilla, que le molestaba; la verdad es que ante esas perspectivas nadie pensó que la cosa tuviera tan trágicas consecuencias.

Texto y fotos: Ángel Pérez/El Ruedo.

Author: Pedro Julio Jiménez Villaseñor

Correo Electrónico: pedrojuliojmzv@hotmail.com