LA TRAGEDIA EN RUEDOS Y DE TOREROS POBLANOS

La fiesta brava llena de colorido y luz está siempre precedida por la muerte. Hay toreros que dicen que, sin verla, ella parte plaza vestida de luces, cada tarde, en cada corrida. Ciertamente los toros que salen del toril, llenos de pujanza y bravura, regresan arrastrados por el tiro de mulillas, muertos.

Los toreros, las más de las veces, salen triunfadores, victoriosos en la lid, pero hay ocasiones en que la señora vestida de negro y oro, aunque no parta plaza, hace su presencia en los ruedos. Es más, creo que desde que nace un becerro, está a su lado y, como buena aficionada, sigue la trayectoria de su vida a cada paso.

Y presente está en los potreros, donde el toro hiere a caporales; al ser embarcados o durante su traslado; al llegar a la plaza o ser entorilados. Con mayor razón durante el máximo espectáculo que es el desarrollo de la corrida, lo mismo en el tendido, que oculta en algún burladero o en el callejón.

Tal vez en la enfermería, esperando pacientemente la llegada del torero; quizá paseando en los patios de cuadrillas aburriéndose antes de retirarse defraudada al no llevar de su brazo a quien esa tarde tuvo la protección del cielo y no le llegó la tragedia y tuvo que conformarse con verlo salir en hombros de sus admiradores, triunfante.

Pero siempre está ahí. La plaza de toros que en Puebla hubo cerca de cien años fue escenario de algunas tardes en que la señora de negro salió por la puerta grande al lado de alguna de las víctimas de la fiesta, o bien le siguió hasta el hotel o el hospital a esperar su momento de intervenir.

Y a los toreros poblanos, los siguió hasta los más humildes redondeles, como fiel admiradora para, llegado el momento, recibirlos en sus brazos.

Puebla, ciudad taurina en auge durante el Siglo XIX y buena parte del Siglo XX, tenía que ser escenario de tragedias y dar toreros que se supieron jugar la vida.

Juan Romero “Saleri”

Conmocionó a la afición del país la sucedida en la plaza de toros “El Paseo” el 15 de enero de 1888, cuando el toro “Campero” de la ganadería poblana de San Cristóbal la Trampa causó la muerte al famoso banderillero sevillano Juan Romero “Saleri”, cuando ejecutaba el salto con garrocha, en el que era todo un As.

El toro que había dado señales de grandes resabios desde el principio de su lidia, como si hubiera sido toreado antes, no se prestaba para el salto con garrocha y sus compañeros de cuadrilla trataron de convencer a “Saleri” de que desistiera de ello, pero Juan, que había brindado su ejecución a la esposa del Gobernador Rosendo Márquez, se enfrentó a su destino.

Inició el salto y el toro se quedó a media suerte, pegándole el derrote, lo prendió por la ingle y luego al zarandearlo le partió la yugular, sin que sangrara, se levantó y corrió hacia la barrera para caer desplomado, muerto en el mismo ruedo, el más famoso subalterno de su tiempo.

José Francisco Pérez

Costumbre era que después de la lidia normal por los toreros de profesión se soltara algún toro embolado para los aficionados que bajaban del tendido. Así sucedió en corrida efectuada el 15 de noviembre de 1891 y entre los espontáneos se encontraba un joven de veinte años, casado con damita de dieciocho y una hijita de ambos, de seis meses.

Resultó cogido por el embolado que le causó serias lesiones, de cuya causa falleció el día 20 en medio de grandes dolores, José Francisco Pérez, que tal era su nombre.

Monosabio Faustino

Corría el año 1893 y en corrida a beneficio del matador Manuel Caballero, un toro de Tlaxcolpan saltó al callejón hiriendo a un cargador de nombre Faustino, en funciones de monosabio, por cuyas lesiones falleció horas más tarde.

Al año siguiente, octubre de 1894, un toro también de Tlaxcolpan, saltó hasta el tendido y ahí infirió grave cornada al señor Enrique Díaz, que era espectador y tenía un niño en brazos, al cual milagrosamente, nada sucedió.

Eduardo García “Morenito de Puebla”

Modestos subalternos fueron los hermanos Eduardo y Carlos García, éste apodado “Catufa” y aquel “Morenito de Puebla”. Por eso poco se conoce de sus vidas, aunque sabemos que fueron populares y pintoresco el mayor. Pero, aunque modestos, valientes y cumplidores, por lo que Eduardo fue contratado con alguna cuadrilla destacada.

Así, el 15 de junio de 1902, toreando en la plaza de Mazatlán, Sinaloa, al intentar poner un par de banderillas a portagayola, resultó herido gravemente y falleció al día siguiente.

José Vargas “Noteveas”

No fue esa la única tragedia aquel año, pues el primero de diciembre en la plaza poblana, toreando mano a mano Enrique Vargas “Minuto” y -Manuel González, “Rerre”, toros de Tuzamapan, al poner un par de banderillas fue prendido recibiendo mortal cornada el banderillero José Vargas, “Noteveas” que militaba en la cuadrilla de su hermano “Minuto”.

Rafael Limón “Limoncito”

Un mes más tarde, el 3 de enero de 1908, en Córdoba, Veracruz, fallecía el banderillero poblano Rafael Limón, “Limoncito”, a causa de la cornada que le infirió un toro de la ganadería de “Nopalapan” en la hacienda “La Jarrita”, cuando hacia el apartado de una corrida. El toro, en el campo, persiguió al torero que no alcanzó a librar la cerca del potrero.

Emilio Nava

Cuando se iba a entorilar la corrida de Zotoluca que se lidiaría por la tarde del nueve de febrero de 1919, por algún error, los toros se salieron al ruedo y patio de cuadrillas, uno de ellos empitonó al torilero Emilio Nava que recibió gravísimas lesiones que a punto estuvieron de costarle la vida.

Manuel “El Chato” Vázquez

Manuel Vázquez, “El Chato”, era en la primera década de nuestro siglo, una de las mejores promesas de la tauromaquia, torero fino y valiente, creador del cambio de rodillas que dio a conocer antes de que viniera “El Gallo” a quien se le atribuyó, que estando en su mejor momento se atravesó una mujer en su camino.

Aquella mujer de ojos azules causó gran decepción al novillero y se dio a la bebida, alejándolo de los ruedos, El 12 de diciembre de 1920 en Zumpango de la Laguna, como en muchas partes del país, había fiesta de toros, “El Chato” Vázquez, picado por la afición, bajó al ruedo y recibió tremenda cornada que le partió la femoral, falleciendo a consecuencia de ella.

Dionisio Marín “Jardinero”

Algo parecido sucedió a Dionisio Marín, “Jardinero”, que, ya retirado de los ruedos, pues había sido destacado matador de novillos en los primeros años del siglo XX y después famoso banderillero profesional y era diestro en ejecutar el salto con garrocha, acudió a un festejo que se efectuaba en Cuesta Blanca, Veracruz, el mes de octubre de 1930, y llevado por su afición se bajó al ruedo para auxiliar a sus compañeros.

Recibió seria cornada, siendo trasladado a Puebla, en donde falleció tres días después.

Alfredo Trujillo

Trágico resultó el festejo taurino efectuado el domingo 19 de noviembre de 1931 en Huejotzingo, Puebla, “… en el que uno de los cornúpetas cogió al señor Alfredo Trujillo, causándole una lesión en el abdomen” y aunque fue enviado de inmediato al Hospital General de Puebla, encontrándose agónico el día 20, informó el diario “La Opinión”.

Carmelo Castro

Once años después, durante capea en San Sebastián Putla, Puebla, -a la que acuden varios torerillos encabezados por Rodolfo Valencia, Jesús Pérez y Antonio García, “El Tiburón”, -éste por cierto nos dice que fue en Ayutla, Puebla- se encontraba un joven llamado Carmelo Castro, obrero de oficio y único sostén de su señora madre.

Salió un toro que, por jugado anteriormente, se engalló de inmediato en los medios del redondel, donde un par de los torerillos intentaron quitarlo, sin lograr que saliera de su querencia. Ante eso, Carmelo les dijo: “Lleguen más cerca; si no pueden yo voy”. Y efectivamente, salió al encuentro del toro y de la muerte.

Aquel marrajo, sin moverse de su sitio, en cuanto sintió la presencia del torerillo, alargó la gaita lanzándole un gañafonazo que le abrió la pierna, desde la rodilla hasta la parte alta del muslo, un tremendo cornadón. Trasladado al hospital de Izúcar de Matamoros, ahí falleció pocas horas después sin recibir atención médica.

Jesús Pérez

Jesús Pérez, el popular “Chucho”, después de recorrer largo tiempo la legua, toreando en la ganadería de do Reyes Huerta, recibió fuerte golpe en la cabeza con la pezuña de una res a la que estaba toreando muy bien, quedando conmocionado. Una vez repuesto se trasladó a su residencia que por entonces era en el Distrito Federal.

Durante varios meses sufrió convulsiones, le daban repetidos ataques y finalmente falleció a consecuencia de aquel golpe. Esto sucedía al finalizar la década de los cuarenta.

Ramón Juárez “Balderitas”

Cuando el popular taurino Carlos Rodríguez López formó en Puebla una cuadrilla de novilleros, tuvo conocimiento de ello el capitalino Ramón Juárez, apodado “Balderitas”, haciendo amistad con los poblanos que la integraban y actuando en repetidas ocasiones a su lado.

Habiendo toros en Chazumba, Oaxaca, fue a torear ahí acompañado sólo de otro torerillo, Hugo Santos Lechuga que es quien nos cuenta el hecho, despachando sin problema los primeros días de la feria. Pero al cuarto, al poner un par de banderillas, recibió mortal cornada en el cuello.

Teodoro Torres

Doce de diciembre de 1954, recientemente inaugurada la plaza de toros “La Morenita” de Alzayanca, Tlaxcala, por el novillero Teodoro Torres, auxilia éste en la organización del festejo de esa fecha que torean Vicente Cárdenas “Maera” y Jorge de la Serna, al padre Francisco Refino, a don Carlos Aragón y demás colaboradores.

Busca toros y contrata en Santa Ana Necoxtla, Puebla, de donde procedían los que años atrás se lidiaban con el nombre de “Raboso” y que pastaban a las orillas de la Laguna de Epatlán. Se habían lidiado los tres primeros toros, cuando al tratar de sacar del toril al último de la tarde, Teodoro Torres es empitonado.

Con la femoral rota es trasladado al hospital en Huamantla, donde no hay médico que lo atienda y cuando logran localizarlo en un cine, ya había fallecido desangrado el joven novillero. Gran consternación causó en Puebla su muerte, ya que era muy apreciado por su simpatía y trato agradable.

José Guadalupe Saucedo “El Rata”

Para mí, la más dolorosa de las tragedias taurinas, es la de José Guadalupe Saucedo, “El Rata”, que cuando contaba apenas con doce años de edad, se incorporó a la “Cuadrilla de Niños Toreros de Aguascalientes”, pues quería ser torero, figura del toreo, para sacar a su familia de la pobreza extrema en que vivía.

Torearon en la feria de Teziutlán, Puebla, el año de 1958 y a José Guadalupe le correspondió el primer novillo, con el que estuvo bien con capote y muleta, pero falló con la espada, “por lo que quiso sacarse la espina en un quite” (comentario del novillerito al periodista “Macharnudo”) pero el novillo le tropezó, le echó por los aires y le dio tremenda golpiza, causándole muy serios daños.

Las lesiones le dejaron invalido, sin movimiento en las piernas, se le darramó el líquido cefalorraquídeo y se le resintieron mucho los pulmones. Por no estar afiliado a la Asociación de Matadores no había tenido oportuna y adecuada atención médica y fue hasta abril del siguiente año cuando se le traslado a la Ciudad de México y se le internó en el Hospital Juárez donde falleció a las tres de la tarde del 20 de abril de 1959.

En el mismo hospital le velaron algunos familiares y “cuatro novilleros que pasaron a su lado las vicisitudes relativas a los principios de la profesión taurina”. Fue sepultado a las tres de la tarde del día 21 en el panteón San Nicolás de Ixtapalapa. Sólo contaba quince años al morir y días antes de su fallecimiento, cuando esperaba que en el Hospital Juárez recobrara la salud, manifestó a “Macharnudo”: “sólo quiero aliviarme para volver a los toros, convertirme en Matador y dar a mis padres una vida desahogada”.

José Hernández Ríos “El Chato de Tampico”

Coquimatlán, Colima, celebra su feria el mes de enero. Es el día 12 de 1980 y hay corrida de toros, con ganado de San Felipe Torres Mochas para el rejoneador Álvaro de Mendoza y los matadores, el español Manolo de los Reyes y los mexicanos Rafael Castillo y Paco Santoyo. Gonzalo Ortuño, novillero poblano, es sobresaliente con el rejoneador.

El, testigo de la tragedia, nos narra como José Hernández Ríos, poblano también, nativo de Cholula pero apodado “El Chato de Tampico”, por haber residido muchos años en el puerto, se enfrentó al primero de la tarde en lidia ordinaria, como subalterno del matador hispano, al manso toro al que no se pudo picar, poniéndole una sola banderilla en su turno.

Manolo de los Reyes, con la muleta, hizo una faena de aliño ya que no se podía hacer otra cosa. Le metió media espada y al hacer labor de enterrameinto, el otro subalterno Miguel Carrasco le aventó el capote para sacar la espada y “El Chatito” toca al toro por un lado, pero se lo encuentra en su viaje, arrollándolo.

Cae el banderillero a la arena, el toro hace por él y lo prende por la parte de atrás del cuello y el toro, acobardado, salió huyendo llevando prendido al torero que deja en medio del ruedo, moribundo, aunque aún tuvo oportunidad de levantarse, A poco murió.

Enrique Alonso

El 1° de enero de 1989 actuando en Izúcar de Matamoros, Puebla, la Cuadrilla Cómica de “Patorro” y los Enanitos Toreros, participa como “torero cómico” el valiente Enrique Alonso, de cuarenta y cinco años de edad, al que al caerle encima una de las vacas lidiadas, le causa destrozos en los intestinos. Hospitalizado en la Ciudad de México, fallece el dos de febrero a causa de las serias lesiones recibidas.

Marcial Fuentes Vilchis

De la última tragedia que he tenido conocimiento, sucedida en ruedos poblanos, fue la del novillero Marcial Fuentes Vilchis, originario de Francisco Villa, Estado de México, sucedía el 18 de octubre de 1992 en la plaza de toros de San Rafael, Distrito de Acatlán de Osorio, Puebla, durante festejo taurino de feria.

Fue un toro de gran tamaño el que lo cogió, probablemente ya toreado con anterioridad, causándole varias heridas quedando bajo las patas del animal, Rápidamente lo levantaron y trasladaron a un hospital en donde a pocos minutos falleció, siendo identificado legalmente por uno de sus compañeros de andanzas.

La más bella de las fiestas, la de la luz y alegría, de arte y belleza, de valor y entusiasmo, no está exenta de tragedia y muerte, dolor y tristeza, pues lo mismo se encuentra en el campo, en los tendidos y ruedos de las plazas de categoría como en las pueblerinas de vigas. Los toros hieren, causan tragedias, sin saber, sin distinguir que a quien embisten es niño o adulto, varón o mujer, si el torero es principiante o figura destacada, matador o novillero, ignorante o sabio, espontáneo o torero cómico.

Por eso y mucho más, la fiesta brava es única, incomparable, maravillosa.

Hemerografía:

El Presente 1893

Universal Taurino

Eco Taurino

El Sol de México

El Sol de Puebla

La Opinión, de Puebla

Ovaciones

Esto

Momento Diario, Puebla.

La Lidia

La Fiesta

Fuente directa

Author: Jaime Silva Gutiérrez