HÉCTOR DE GRANADA… LA IMPORTANCIA DE UN VIEJO PAPEL

GRACIAS AL matador Héctor de Granada por el invaluable pedazo de papel que me obsequió. Se trata de un amarillento, pero perfectamente bien conservado, cartel taurino del tamaño medio oficio, mismo que para su servidor es oro molido, es de la primera vez que fui anunciado en una plaza de toros, fue en Michoacanejo, Jal, por el año de 1960. Se los comparto, agregando algo más del trato con el espada con quien siempre he llevado una amistad muy sana…

El viejo cartel

CIERTA TARDE recibí una llamada de su parte, me confiaba había sido contratado a lidiar varias corridas por territorio peruano y me pedía le ayudara a investigar los horarios de su partida, esto en la agencia de viajes de mí familia. Desde luego que con gusto lo haría. Todo en orden en menos de cinco minutos, su vuelo era para la semana siguiente a las seis de la mañana, obviamente partiendo desde el aeropuerto Benito Juárez de la ciudad de México. Debía de presentarse en la ventanilla de la línea aérea antes de las cuatro de la madrugada para los tramites de rigor y abordar el avión con la puntualidad debida, y obligatoria, para aterrizarlo horas más tarde en tierras andinas.

EL MISMO decide viajar a la capital del país tres días antes y checar en la Asociación de los toreros si sus respectivos permisos estaban en el orden debido, aprovechar para saludar a algunos periodistas y familiares y ya tener cercanía con la terminal aérea. Previamente habíamos acordado que yo sería el contacto con la prensa local y nacional enviando a todos ellos -al mismo tiempo- los resultados artísticos, según se fueran dando. Todo listo para largarse a debutar a tierras peruanas, después de asegurarse cien mil veces que llevaba medias, casaca, taleguilla, montera, añadido con su respectivo broche, chaleco, corbatín, faja, zapatillas, tirantes y la camisa acostumbrada. Tres capotes, tres muletas, las espadas, dos ayudados de aluminio y el acero de descabello.

Trasmite torería

TODO EN orden. Lo despedí con un abrazo deseándoles suerte en los sorteos, notándole en su rostro seguridad, emoción e ilusión.

DOS DÍAS después recibo una llamada telefónica, me asusté, al tomar el celular me di cuenta de la hora, nada bueno sucede a las cuatro de la madrugada y así, más dormido que despierto, me di cuenta que era Héctor quien llamaba, a grito abierto me decía.

-Oye, estoy en el aeropuerto y resulta que no estoy en la lista de pasajeros que dentro de una hora y media viajaran a Perú. ¿Qué hago, me están esperando hoy en Lima?-

Sentado a la orilla de la cama, con la lampara encendida montada en pequeña mesa a mi alcance, y ya un poco despabilado, le sugerí se volviera a dormir -que de ese tema sabe bastante- y me volviera a hablar por la tarde. Él insistía.

-Es en serio, ¿qué hago?-

-Ya te dije, vete a dormir tranquilamente, me llamas después de comer.-

-Pedro Julio, no la friegues, tengo que estar hoy allá.-

-Tú tranquilo, el petardo ya lo pegaste. Más te vale que te salgas de esa área sin que lo noten, hazte invisible y checa bien el día y la hora de tu vuelo.-

Pasados unos segundos escuché.

-Te hare caso, me voy a dormir y ya mañana regresaré.-

Mala fue la jugada que le planteó el reloj biológico al distraído Héctor, quería viajar 24 horas antes de lo debido. Afortunadamente “su taruguismo” solo se convirtió en anécdota, llegó a tiempo con los taurinos que le recibían en el Aeropuerto Internacional “Jorge Chávez”, su quehacer en los ruedos tan se aceptó que sumó cinco festejos más de los firmados previamente.

También con la zurda

PARA TERMINAR…

HECEN YA muchos años, en el entonces Distrito Federal, don José Jiménez Latapi, “Don Dificultades”, o “El Ogro de Pino”, montó varias novilladas económicas en un lienzo charro, en una de ellas se encontró con el problema que para el siguiente domingo sería un mano a mano, y ambos alternantes se llamaban idénticamente, José Gutiérrez, por lo tanto, se le presentaba una disyuntiva con los nombres a programar y, teniendo a “los tocayos” de frente, es que al de mayor antigüedad le bautiza como “Manolo de Córdoba”, añadiendo que si él ya era “de Córdoba”, su alternante bien podía ser “de Granada” y así fue, así quedo, así los conocimos desde siempre. Ambos ya partieron, que se conozca Manolo no dejó herederos con aspiraciones taurinas, solo queda, pues, el del reloj adelantado, “Héctor de Granada”, o sea Héctor José Gutiérrez Cruz, al que su servidor agregaría “Desperdicios” ya que las empresas, definitivamente, lo desperdiciaron, lo dejaron solo, nos quitaron el placer de ver a un excelente torero…     

… Nos Vemos.  

Author: Pedro Julio Jiménez Villaseñor

Correo Electrónico: pedrojuliojmzv@hotmail.com