ARRASTRE LENTO

Me gustan los aires sonoros y escandalosos del “feroz reproche” de los aficionados que protestan en los tendidos de las plazas de toros, y más cuando tienen razón

“Pasión”, fuego no extinguido que arde y quema

Señores, la “pasión” es un componente natural en la fiesta de toros

Siempre ha sido una esperanza inútil el deseo de uniformar criterios

Sucedió lo que ocurre cuando hay motivos que originan la polémica alegre y divertida, aunque poco sustantiva, para influir en la formación y formulación de conceptos. Los escuché con interés: discutían al respecto de lo que podría ocurrir si se llegan a realizar festejos taurinos sin la presencia de espectadores en los tendidos de los cosos. Escuchándolos me divertí., sobre todo cuando la acalorada disputa por “la razón” tocó niveles de quemante ardor. Por ello, al margen de la reflexión que promueven las ideas, encuentro sano deleitarme escribiendo un poco de lo que se discutió ayer con el vocerío de los guerreros y la estridencia de los mercaderes.

Me llamó la atención la declaración de don Jorge: -“La Fiesta de toros tiene una composición que, al margen del “encantamiento” que produce, metafóricamente “arde” cuando se adentra a las fibras sensibles del corazón. Que “vacío” tan notable se producirá por tanto en las corridas y novilladas sin público que se estremezca y se involucre con el sentimiento del toreo. El toreo es un trío que no se entiende si se mutila: toro, torero y público. Y es la emoción, sin hacer menos a la razón, el factor dominante en el ejercicio público del toreo. Lo dijo el más filósofo de los toreros, y el más torero de los filósofos, don Juan Belmonte: “el toreo es una actividad más que de razones, de sentimientos”.

-“Él, don Juan, habiendo experimentado la dicha soberana de la adulación, de la reverencia y del culto, también sufrió el tormento encendido –ardor sin llamas- de la “pasión” manifestada como protesta y exigencia popular. Y después de padecer los efectos “quemantes” de tal sentimiento extremo –“pasión”-, supo que ésta es un elemento ultra vivo de la Fiesta. Fue él quien, luego de entender que el sentimiento es la melodía del toreo, la “pasión” es la primera voz del coro, llegó a afirmar que la Fiesta sin “pasión” es como la bella durmiente en espera de su príncipe azul. En sus habituales tertulias con los intelectuales de su generación, según consta en la reseña de su biografía,

el “pasmo” filosóficamente postuló que la “pasión” es la “brutal reconciliación de los opuestos a través del fuego del SENTIMIENTO” y justificaba –a manera de explicación- que ardiera, y quemara. Luego se lamentaría que fuese la “pasión” -ejercicio injusto en la fatalidad de la incomprensión-, la que abrumara a los toreros tal y como abruma el caos de la esquizofrenia fuera del manicomio a los cuerdos.

Así las cosas, a todos aquellos que no soportan el ardor quemante del sentimiento extremo de la “pasión” habría que hacerles entender que la Fiesta de toros sin “pasión” es como un pastel rodeado de moscas que se deleitan con el exceso de miel.

¿Existirá la “pasión! en las plazas de toros sin público?

No lo puedo negar: me gusta el “espectáculo de la “pasión” en los toros, (y en las tertulias) ello a pesar de que un día, vestido de luces, incumpliendo involuntariamente la promesa de triunfar en la plaza el Progreso de Guadalajara, las cosas no se dieron como lo diseñaron mis sueños, y en las que me vi, “silbidos por ahí, reproches por allá, mentadas como premio: pensaba: la pobre de mi madre qué culpa tenía por mis errores y limitantes y abucheos como regalos.” Fue el regalo de la “pasión” de los espectadores que no lograr soportar las “medianías” de los protagonistas en el ruedo.

No lo puedo negar; me gusta el “espectáculo de la pasión” en los toros. Es más, hasta creo sería incapaz de entender al toreo y a la Fiesta sin la “pasión” que conllevan en su seno. No, no logro imaginar corridas de toros y novilladas sin espectadores en los tendidos.

Fue el mismísimo Belmonte quien llegó a afirmar: “para triunfar como torero hay que entregarse con la “pasión” del enamorado”. “EL TOREO NO ES GRACIOSA HUIDA, SINO APASIONADA ENTREGA”. (Pepe Alameda).

De ahí que encuentre divertido la presencia sonora -aunque a otros les arda y queme como fuego en las manos- de la “pasión” con la que ciertos aficionados reprochan por un lado la “ingenua concesión de orejas a los toreros, y por otro la poca bravura y trapío de ciertos toros elegidos por las estrellas –figuras- del toreo moderno en México. No, no logro entender el toreo sin espectadores que lo aplauda o lo reprochen. No, no estoy facultado para escuchar los sonidos de un cántaro vacío…

Me gusta el “feroz reproche” con el que protestan –aunque nadie les tome en cuenta, y mucho menos les hagan caso- tanto en los tendidos de las plazas de toros como en las posteriores tertulias de los corrillos.

Author: José Caro