SE SUSPENDE POR CAUSA…

…Sí, por causa de fuerza mayor, como lo es la pandemia que actualmente tiene en un puño a toda la humanidad… aunque le pongan el color naranja al estado de cosas, pues por no hacer caso de las medidas preventivas, se puede volver al color rojo, rojo subido. Pero a lo que quiero referirme es a la primera ocasión que no habrá la ya tradicional Misa de los taurinos poblanos a Nuestra Señora de la Esperanza.

Después de más de sesenta años en que el entonces novillero Paco Ortega iniciara tal celebración, cada primer domingo del mes de agosto, que se inició en la capilla de San Luis Gonzaga anexo al entonces en ruinas Templo de El Parral, para después trasladarse la “flota” torera a “El Toreo de Puebla” donde se lidiaban vaquillas o novillos previo a la gran taquiza que se disfrutaba en las corraletas de la plaza, para evitar la caída de “espontáneos” del público que asistía al festejo.

Años más tarde, la venerada imagen estuvo en diversos templos poblanos y la lidia de vaquillas también se trasladó a la plaza del Charro.

Saliendo de Misa

Otro festejo que también se suspende es el “Día del telefonista”, al cumplir setenta años de la unificación del gremio y que por tal motivo, durante varios años, también “nos echamos al agua” en varios festivalitos, “pachanguitas”, en la que los trabajadores, “toreaban” a su manera entre los aplausos de las operadoras.

En el primer caso, además del motivo arriba citado, el principal promotor, Paco Ortega, se encuentra mal de salud y aunque no hubiera pandemia, tampoco estaría en posibilidad de su acostumbrada actividad organizativa. Pues nuestro mejor deseo para que pronto se recupere y vuelva a preparar el religioso festejo, cuando ya estén abiertos los templos, en tanto, a cuidar la buena distancia.

Entre los trabajadores telefonistas recordamos a dos que quisieron ser toreros, ambos ya retirados cuando los festejos citados, uno fue conocido como “El Valiente” entre los novilleros de su tiempo, se llamó Fernando Tomás Morales y en el gremio le decían “El Hombre Quieto”, y ambos apodos cuando toreaba los justificó, pues al hacerlo se quedaba tan quieto y por ello lo de el valiente.

El otro, Hugo Santos Lechuga, corrió la legua, estuvo en la cuadrilla “Promesa Rodríguez”, que formó don Carlos Rodríguez López antes de construir la placita “La Lidia” y también llegó a torear, muy en serio, en alguno de aquellos festivalitos.

Y… ¡Suerte!

Author: Jaime Silva Gutiérrez